El voto no se pide en campaña, se gana en la banqueta 

Entonces llega junio y nos sorprende que el vecino nos cierre la puerta.
LIC PERMANENTE ENTRADA

En México hay un malentendido que nos está costando la democracia: creemos que el voto se fomenta con spots de 30 segundos.

La realidad es más simple y más cruel.

En la última elección federal, casi 40 de cada 100 ciudadanos en lista nominal no fueron a votar.

Y de los que sí fueron, millones lo hicieron sin esperanza, solo para “que no gane el otro”.

Eso no es participación ciudadana. Es resignación electoral.

Cada tres años tapizamos ciudades con promesas, pero los otros dos años y medio la banqueta sigue rota, la lámpara sigue fundida y la fuga de agua sigue haciendo río en la esquina.

Entonces llega junio y nos sorprende que el vecino nos cierre la puerta.

¿Con qué cara le pedimos 5 minutos de su domingo si nosotros no le dimos 5 minutos en tres años?

La fomentación del voto no es un programa únicamente del INE. Es una obligación de quien aspira a representar. Y no empieza con un discurso: empieza con una pala.

La acción social es la única campaña que no genera hartazgo.

Hablo de talacha real.

De organizar a 10 vecinos un sábado para pintar los topes que llevan años borrados. De cooperarte para rentar el camión que se lleve el basurón que el ayuntamiento ignora.

De gestionar, sin reflectores, que le arreglen la toma de agua a la escuela.

Una cubeta de pintura vale 900 pesos.

Pero el mensaje que manda es invaluable: “Aquí sí hay alguien que ve lo que tú ves todos los días”.

Esa es la diferencia entre un político y un representante. El político aparece en campaña a ofrecer. El representante aparece sin campaña a resolver.

Piso parejo no se decreta. Se construye.

Piso parejo es entender que no gobiernas para los que votaron por ti.

Gobiernas también para los que votaron en contra y, sobre todo, para los que ya ni votan. Porque esos que se quedaron en casa no son apáticos: son los más críticos.

Son ciudadanos que ya nos aplicaron el voto de castigo más duro: la indiferencia.

¿Quieres que regresen a las urnas? Demuéstrales que el poder sirve para algo antes de pedirles que te lo presten.

Arréglales la cancha donde juegan sus hijos. Ilumínales la calle donde caminan a las 6 de la mañana. Siéntate en la banqueta a escuchar por qué están inconformes.

Eso no sale en el informe de gobierno. Pero sí sale en la conversación de la sobremesa.

Y ahí es donde se ganan las elecciones reales: una familia a la vez.

El nuevo clientelismo es resolver.

Nos escandaliza la compra de votos, pero normalizamos el abandono de colonias.

Eso también es un “delito” democrático quizás atípico fuera del margen legal.

Porque le fallas al ciudadano dos veces: cuando no le resuelves y cuando luego le pides que confíe en ti.

La ruta es clara y no tiene atajos: 100 acciones de 5 mil pesos valen más que 1 espectacular de 500 mil. La barda se cae con la lluvia.

El bache tapado se queda seis meses recordándole al vecino que alguien sí hizo algo. sin ser tampoco menos importante el marketing publicitario.

Si en 2027 queremos una participación del 70% y no del 50%, la chamba empieza hoy. No con un mitin.

Con una lista: ¿Qué 5 problemas de mi calle puedo atacar este mes con mis propios medios y mis vecinos?

Porque el voto no se mendiga desde una tarima. El voto se merece desde la banqueta.

Y el que no esté dispuesto a ensuciarse los zapatos, mejor que no pida prestadas las urnas.

Creo que la democracia se defiende con acciones contundentes, no solo con discursos.

Abogado por la Escuela Libre de Derecho de Sinaloa y Maestria en Gestion y Politicas Publicas.

LICENCIA PERM

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