¡AVANTI POPOLO! CARTOGRAFÍAS DE NAVEGACIÓN

Allí radica el riesgo de su intriga engañosa
LIC PERMANENTE ENTRADA

Toda potencia primero dibuja mapas; después define amenazas; finalmente decide qué naciones aparecen como rutas comerciales… cuales son tierra de conquista y cuáles, como zonas de piratería o de naufragio.

Depende del puerto desde donde zarpe la interpretación.

No es lo mismo leer los acontecimientos desde la cubierta de un buque mercante que desde la bodega de un navío de guerra; desde la comodidad del observador que nunca moja cubierta, o desde la bitácora del marinero que conoce el olor de la pólvora, la humedad del naufragio y el lenguaje caprichoso de las mareas políticas.

Toda interpretación tiene puerto de origen, bandera ideológica y cartas de navegación más o menos adulteradas.

Por eso la hermenéutica contemporánea se parece menos a una ciencia exacta y más a una travesía entre arrecifes: una mezcla de cartografía, sospecha y supervivencia intelectual.

Y en tiempos donde abundan corsarios mediáticos, predicadores del algoritmo y contrabandistas del sentido, interpretar se ha convertido en una forma de navegación de alto riesgo.

Sobre todo cuando empiezan a escucharse, desde ciertos puertos imperiales y sus repetidores domésticos, las viejas campanas que anuncian la construcción deliberada del relato del “Estado fallido”.

Hay días en que la hermenéutica parece mar en calma: los textos cooperan, las palabras obedecen y hasta los adjetivos se dejan interrogar sin pedir amparo constitucional.

Pero hay temporadas —como ésta— en que cada frase trae contrabando ideológico, dobles fondos históricos y tormentas de contexto.

La peligrosa hermenéutica no navega con brújula; navega por y con sospechas. Y allí radica el riesgo de su intriga  engañosa… y seductora.

Porque interpretar no es sólo entender lo que alguien dijo.

Es descubrir: Por qué lo dijo, desde qué correlación de fuerzas lo dijo, qué silenció, y quién gana cuando una palabra o frase adquiere “sentido oficial”.

Ahí aparece el fantasma de Antonio Gramsci susurrando que toda disputa cultural es también la disputa por el significado; mientras Jorge Ibargüengoitia, fumando desde la barra del puerto, nos recuerda que en México hasta las tragedias redactan boletines solemnes para ocultar o anunciar el absurdo.

El clima político actual presenta:

Vientos cruzados de propaganda, oleaje y marejadas de redes sociales, bancos de niebla semántica y huracanes de post verdad categoría cinco. Por eso Raymundo Riva Palacio plumífero de la derecha, afirma que “La verdad es irrelevante”.

Aun así, la navegación es posible. Sólo hacen falta:

Un buen radar histórico para ubicarse en tiempo y espacio, un diccionario sin servidumbre, capacidad para distinguir los hechos comprobables de la liturgia, y suficiente humor negro para no naufragar entre el Escila y Caribdis de la infodemia.

Porque quien entra a la hermenéutica sin ironía termina fundando sectas.

Y quien entra sin memoria acaba confundiendo consignas con pensamiento.

Si el estado del tiempo permite navegación…Y si se trata de navegar en los mares del sofisma y la mentira, se recomienda no apagar el cinismo de emergencia ni soltar el salvavidas crítico.

Porque al final, incluso el legendario Ulises sabía que ningún viaje se pierde del todo mientras exista alguien capaz de leer correctamente las estrellas.                                                                                                                  

El verdadero peligro no consiste únicamente en los monstruos que acechan bajo las aguas, sino en los intérpretes que falsifican mapas, rebautizan tormentas y venden como faro lo que apenas es un incendio en rivera.

En esta época de oráculos televisivos, algoritmos proféticos y comentaristas que cambian de bandera según la dirección del viento, la hermenéutica sigue siendo un arte de navegación riesgosa pero indispensable.

Porque cuando el lenguaje se corrompe, también se extravía la realidad; y cuando toda palabra termina subordinada al poder, hasta la verdad necesita chaleco salvavidas.

Mañana quizá toque internarnos en aguas todavía más agitadas:

Allí donde el imperio diagnostica “Estados fallidos” con la misma facilidad con que ante trazaba mapas coloniales y hoy reparte certificados de países seguros.

C o n t i n u a r á   

Jfa_ot@hotmail.com

LICENCIA PERM

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