Culiacán, Sinaloa, 19 de febrero 2026.
Antes de enfrentar los desafíos institucionales, que no son pocos, podemos establecer de entrada, y sin lugar a duda, que existe una condición previa a cumplir por nuestras universidades públicas, y particularmente la Universidad Autónoma de Sinaloa, que consiste en redefinir su papel en el entorno social al que pertenece.
No basta, aceptando sin conceder que así fuera, con la relativa y coyuntural respuesta a condiciones emergentes de un nuevo esquema relacional.
Precisamente al responder acríticamente a los requerimientos de adecuación, en una tendencia que se profundiza, las universidades públicas han venido perdiendo interlocución efectiva frente a la autoridad y sus instancias rectoras en el campo educativo.
Como resultado de esa merma, la Universidad se ha distanciado notablemente de lo que tiene de compromiso con el pueblo que la mantiene y, siguiendo la pragmática oficial que le ha venido siendo impuesta, se alejó de lo que en términos un tanto difusos (pero que sin duda denotan una situación de realidad) se nombra como “esencia y sentido social de la universidad”.
EL COMPROMISO ES GENERAL
Como las intenciones se han venido concentrando en ese responder casi incondicional a los reclamos privados, plenamente avalados por los gobiernos, la determinación de prioridades en materia de formación profesional, carreras, perfiles y contenidos curriculares, tiende a circunscribirse a las directrices, pautas y recomendaciones que se formulan en correspondencia al interés empresarial privado (así sea con la generalización de “sector productivo”).
Desde luego, el compromiso de la universidad es con la sociedad, pero en sentido amplio y no solamente con un sector o parte de ella, lo que es obviado sin más en el discurso de las necesidades que plantea la inserción de nuestros países en el esquema global.
EN UN CONTEXTO INEQUITATIVO
En ese discurso, la transferencia e internalización de significados, en sentido lato y estricto, que propician la aceptación de las condiciones de existencia en una sociedad, resulta de fundamental importancia.
Pero si el contexto social es inequitativo, a través de esa transferencia cuya conducción está en manos de los grupos y sectores sociales dominantes, se presentan las desigualdades y asimetrías como “naturales” e incluso como parte necesaria del proceso en dirección a obtener mejores condiciones de existencia.
¿ES QUE NO HAY DE OTRA?
Por su parte, los medios de comunicación masiva (educativos, también, en sentido lato) bombardean a los individuos con mensajes que no dejan lugar a dudas de que las cosas son y serán así, nunca de otro modo, por lo que es preferible inscribirse con la mayor rapidez posible en un proceso insalvable, irreversible y natural:
La globalización en curso, pese a medidas proteccionistas como las que ha implementado el delincuente Trump.
Sin duda, la globalización, de manera remarcada en los últimos años, repercute su impacto en todos los ámbitos de la vida de las naciones, se asume como un mecanismo de integración y necesaria interdependencia, pero se margina que en ese proceso hay ganadores predeterminados: los del llamado “primer mundo”.
NO SE TRATA DE EXCLUSIÓN
La educación, ciertamente, no puede renunciar a su función formadora de los cuadros emergentes que reclama la sociedad para transitar al crecimiento y al desarrollo (quedando pendiente la discusión en torno al carácter de tal formación), pero tampoco puede circunscribirse única y exclusivamente a ello, convirtiéndose en una suerte de “maquiladora” de cuadros etiquetados a la medida de las exigencias de la empresa privada, por ejemplo.
La educación debe, además de proveer los cuadros profesionales altamente calificados, impulsar una cultura democrática, abierta a todas las corrientes del pensamiento, promoviendo los valores nacionales, la identidad cultural, una conciencia igualitaria y participativa.
No es coincidental que tales deberes no aparezcan en la agenda de los desafíos, tal y como es concebida en la lógica estatal-empresarial privada.
EN EL TINTERO
–Blandengue, y bajo sospecha de complicidad, las respuestas de rusos y chinos a las atrabiliarias medidas trumpianas en Cuba y Venezuela.
-Los concesionarios de aeropuertos del país, abusan no solo con la Tarifa de Uso Aeroportuario (TUA) que cobran, sino prácticamente en todo, desde estacionamientos a servicios en general.
-Sin el menor recato, ausente por completo la prudente diplomacia, la ultraderecha gringa, con sus peones trumpianos, continúa su infame campaña contra Cuba (y contra quien sea que no les aplauda sus acciones ilegales y sus estupideces)
(cano.1979@live.com).











