Nacionalismo barato

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Por: Adrian Espinosa de los Monteros

La salida del entrenador argentino Diego Cocca de la Selección Mexicana de Futbol ha desatado una serie de comentarios alrededor de la siguiente pregunta: ¿debe el seleccionador del TRI ser mexicano? y es que en las últimas semanas diversos programas de debate han puesto la pregunta sobre la mesa. El tema ha polarizado las distintas mesas de debate que acaparan la televisión deportiva mexicana.

Están los que consideran que el entrenador debe de ser mexicano debido a que conoce la idiosincracia del jugador, sus formas de ser, de jugar, etc. Se hace demasiado énfasis en la necesidad del jugador mexicano de ser cobijado por “uno de los suyos” o “por sus pares”, se procura y apapacha al jugador que, de no tener a un entrenador nacional, se vería descobijado y dejado a la deriva ante las barreras comunicativas-culturales que podrían implicar ser dirigido por un extranjero. Eso es lo que argumentan, claro.

Pareciera que se prioriza un asunto cultural o geográfico sobre lo realmente importante: la transmisión de conocimiento y de los mensajes adecuados para lograr un equipo competitivo. Poco debería importar en donde nació el D.T si es lo suficientemente capaz de motivar a sus jugadores y hacer que jueguen en conjunto de la mejor manera. Incluso, algunos elementos de la Selección han dejado entrever que efectivamente “se sienten más cómodos con un entrenador nacional”, lo cual podría confirmar la teoría de que no estaban del todo bien con el ex entrenador de Atlas.

Lo peor es que el asunto de coquetear con nacionalismo barato está siendo impulsado últimamente por dichas mesas de análisis, o por lo menos por algunos integrantes de ellas, que sostienen no querer entrenadores extranjeros ni jugadores nacionalizados. En cuanto a los naturalizados: ¿pues cuál es el problema si Alemania y muchos países juegan con nacionalizados? recordemos a Lukas Podolski, polaco de nacimiento, que jugaba para los teutones. Si en México nos cuesta tanto trabajo generar materia prima, por la razón que sea, pues habría que aprovechar que vivimos en un mundo globalizado que ha recortado las fronteras incluso futbolísticas.

Por el TRI han pasado un puñado de naturalizados, algunos buenos y otros mediocres. Recuerdo a Sinha en Alemania 2006, brillando con goles y pases. La verdad pocos han cumplido, ni hablar de los casos de Guillermo Franco o Nery Castillo, cuyos rendimientos fueron deplorables. Ahora se habla de Julián Quiñones, colombiano de nacimiento, de rendimiento destacado. Es una buena oportunidad para que México se adapte a los tiempos de inclusión, globalización y conectividad que otras selecciones ya han implementado desde hace décadas.

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