Periodismo ficción: fraude periodístico

Claudia Sheinbaum debe de desmantelar la arquitectura corrupta entre la oligarquía y los medios de comunicación.
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Hablando en Plata

Jorge Fernández Menéndez es un periodista adscrito y orgánico a la oligarquía mexicana, en particular al grupo Vázquez Raña, dueños del periódico Excélsior, pero aún más comprometido con el sátrapa Ricardo Salinas Pliego, dueño de TV Azteca y de ADN 40, esta última televisora adquirida a la mala por el impresentable “tío Riki” como se le moteja en redes sociales.

Fernández Menéndez dirige uno de los programas más importantes de la barra informativa de ADN 40.

ADN 40, antes CNI Canal 40, fue tomada por asalto y a mano armada por esbirros del déspota regiomontano en el año de 1998, lo que configuró un largo litigio entre Javier Moreno Valle ex propietario de la televisora y el facineroso multimillonario, al final se impuso el poder económico y político de este último, con la complicidad del ex Presidente Vicente Fox y la antigua SCJN quienes resolvieron el conflicto a favor de TV Azteca, que se adueñó de la concesión.

La historia y el contexto es importante para entender como se cocían las habas entre la oligarquía y los gobiernos de la derecha, si no que le pregunten a Ciro Gómez Leyva, conductor del noticiero estelar de CNI canal 40 junto a Denisse Maerker a la sazón periodistas rebeldes y alternativos hoy cooptados por la oligarquía mediática/ económica.

Conocer la calidad moral de los actores revela la importancia de las circunstancias y los hechos con amplio registro público, porque este columnista abomina la mentira rapaz. Y parte de ese contexto es el encono de Salinas Pliego en contra de los gobiernos de la 4T, tanto el federal como los estatales.

El periodista tabasqueño Jorge Fernández Menéndez presume de ser especialista en el tema de seguridad.

Sin embargo, si revisamos sus columnas y libros escritos en ese tema advertiremos que en el pasado el periodista escribía literalmente desde los expedientes judiciales que la antigua PGR (hoy FGR) le trasmitía.

Es decir, el periodista fungía como correa de transmisión de lo que el gobierno quería que se supiera.

Muy a tono con lo que sostiene el periodista Oswaldo Zavala, en sus libros “Los Carteles no existen” y “La gramática del narco”, en donde el oriundo de Ciudad Juárez sostiene que los periodistas de “investigación” eran tontos útiles al servicio del único cartel real: el antiguo estado neoliberal.

Hace días Fernández Menéndez escribió un artículo manufacturado con el insumo de un periodismo perverso y fraudulento. Hace años la profesora de ITAM y periodista Denisse Dresser acuñó una frase que desvela la podredumbre moral de ciertos periodistas “nacionales”:

“En este país”, dijo la maestra, “añoramos un periodismo que se nutra de hechos y no de dichos.”

El artículo titulado “La Sinaloa de los Chapitos” está plagado de mentiras y de supuestos hechos sin fuentes de comprobación como ordena el ejercicio de un periodismo ético y profesional.

En el artículo de marras, Fernández Menéndez sostiene aviesamente, que el asunto de los levantados en Culiacán (60 personas, que en su momento fueron liberadas sanas y salvas) se arregló en la residencia del Secretario de Finanzas Enrique Días Vega, con la presencia de los “Chapitos” y el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya; y para darle soporte a su delirante artículo, el sicario mediático al servicio de Salinas Pliego, se apoya en dichos y no en hechos.

Así, el periodista de ficciones, escribe :

“Dicen que fue el propio gobernador Rocha el que se comunicó con Ivan Archivaldo, para que regresaran lo más pronto a las mujeres y los niños, porque el tema se había convertido en un escándalo nacional.”

De la misma forma infamante sostiene sin prueba alguna, más que la tramposa expresión “según fuentes consultadas” que da pie a las más aberrantes piezas periodísticas como la que produjo el empleado del magnate regiomontano que está en abierta campaña política en contra del Presidente López Obrador, tal y como lo registran todos los medios periodísticos y las redes sociales.

Ante esas evidencias, se coagula una certeza palmaria:

El artículo está escrito con un propósito político evidente. Sin embargo, lo más grave no es eso.

Lo criminal, no exagero, es el aprovechamiento vicioso de la libertad de expresión para tratar de destruir la honra y el nombre de dos personas. Lo que aquí se hace, con pasmoso cinismo, es literalmente imposible realizarlo en otros países con sociedades desarrolladas, a riesgo de enfrentar colosales demandas de difamación y reparación de daños.

Es por todo esto, que para construir un segundo, tercero o cuarto piso, o la transición un nuevo régimen político, Claudia Sheinbaum, la próxima presidenta de México, debe de desmantelar la arquitectura corrupta entre la oligarquía y los medios de comunicación utilizados como ariete político en la defensa de intereses de una élite rapaz.

Es decir, la cancelación de las concesiones de medios de comunicación como TV Azteca, concesión obtenida a través de tratos corruptos entre Salinas Pliego y Salinas de Gortari.

La 4T debe no solo separar el poder político del poder económico, debe escindir también el poder mediático, para democratizarlo en decenas de nuevas concesiones de radio y televisión.

De no hacerlo estaremos empollando decenas de huevos de esa serpiente de muchas cabezas. A las pruebas me remito.

Vayan a Google para preguntarle a este señor que todo lo sabe, de qué calibre es la concentración mediática en México. Y parafraseando a un clásico, a ustedes, señores de la derecha, de horca cuchillo mediático les digo:

¡Son los periodistas corruptos, idiotas!

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