¡AVANTI POPOLO! EL CONSEJO NACIONAL DE MORENA

Para Gramsci, los movimientos reformistas reivindicatorios nacen del desorden causado por la injusticia social.
LICENCIA PARA SIEMPRE

LLAMADO URGENTE AL ORDEN INTERNO.

En política, los partidos no solo se definen por sus victorias electorales, sino por su capacidad para organizarse y adaptarse cuando pasan de ser movimientos sociales a erigirse en fuerza gobernante.

La reciente sesión del Consejo Nacional del Movimiento Regeneración Nacional ilustra con claridad ese momento:

Es una fase de consolidación institucional orientada a fortalecer su vida interna y a proyectar estabilidad hacia el futuro político del país.

Más allá de los acuerdos formales, la asamblea nos dejó ver un proceso natural en toda organización política que ahora ejerce responsabilidades de gobierno:

La necesidad de establecer reglas claras, de instrumentar mecanismos de coordinación y criterios comunes que permitan, armonizar la pluralidad interna con los objetivos nacionales del proyecto político.

Uno de los ejes centrales fue el respaldo político expresado hacia la presidenta Claudia Sheinbaum, entendido no solo como una manifestación de apoyo institucional, sino como el lanzamiento de un mensaje de cohesión partidaria, en torno a la continuidad del proyecto de transformación que actualmente encabeza el gobierno federal.

En términos políticos, este acompañamiento busca fortalecer la coordinación entre partido y gobierno, en una etapa marcada por nuevas responsabilidades administrativas y legislativas.

Asimismo, el Consejo Político de Morena, avanzó en la actualización de reglas internas para la selección de candidaturas. La intención es consolidar procesos cada vez más transparentes y ordenados, poniendo por delante, la trayectoria, el trabajo territorial y el compromiso con los principios del movimiento.

Este tipo de ajustes refleja buena evolución organizativa, y es propia de un partido que busca consolidar su presencia territorial y que ahora está viviendo procesos internos sumamente competidos.

Otro de los acuerdos relevantes, fue la adopción de lineamientos orientados, a evitar prácticas que puedan generar la percepción de inequidad dentro de la competencia interna. Con ello, Morena busca fortalecer la confianza entre su militancia y reafirmar los principios de ética partidista que ha sido discurso político original.

El fortalecimiento territorial también ocupó un lugar central.

A la luz de la reactivación de sus estructuras locales, del intenso programa de afiliación puesto en marcha y la creación de los comités seccionales; apunta a mantener una relación directa con la ciudadanía, elemento que ha sido clave en el crecimiento político del movimiento y que, ahora se convierte en una herramienta para consolidar gobernabilidad y participación social.

Desde una perspectiva teórica, este Partido Movimiento, nos recuerda las observaciones del pensador italiano Antonio Gramsci; sobre la evolución de los movimientos políticos surgidos de la movilización social.

Para Gramsci, los movimientos reformistas reivindicatorios nacen del desorden causado por la injusticia social, y suelen crecer mediante la organización colectiva desordenada, llegan a alcanzar el poder y se convierten en la expresión de la nueva hegemonía política.

Posteriormente, atraviesan etapas de diferenciación ideológica interna  — los progre tibios y buena ondita quedan atrapados a dos fuegos en un rasposo traslape— por la izquierda, los radicales que se reclaman progresistas puros; y por la derecha, los taimados y avezados oportunistas de la vieja “cargada” enfrascados en una lucha intestina burdamente disfrazada de debate, pero que no es otra cosa que la dialéctica de su propia maduración histórica.

Porque lejos de representar una crisis, estas fases constituyen; los ciclos naturales de la reorganización, que suele sostener a los movimientos —como un todo social indivisible—en una dinámica de transformación permanente.

La política democrática contemporánea, traduce esas tensiones en competencia institucional, en deliberación y construcción de consensos, en mecanismos que permiten canalizar las diferencias dentro de los cauces políticos legislativos.

En perspectiva pues, la sesión del Consejo Nacional de Morena, puede entenderse como un paso hacia la institucionalización plena del partido.

Toda fuerza política que alcanza posiciones mayoritarias, enfrenta el reto de transformar la energía electoral en base de sustentación permanente, capaz de sostener proyectos de largo plazo y procesar democráticamente su diversidad interna.

Así pues, más que un evento coyuntural, la reunión refleja una etapa de maduración política.

Morena busca transitar hacia esquemas de mayor orden interno y previsión política, elementos indispensables para cualquier partido que aspire a mantener estabilidad, continuidad programática y capacidad de adaptación dentro de un entorno democrático dinámico.

El proceso apenas comienza, pero el mensaje es muy claro: se trata de consolidar estructuras hoy, para enfrentar con unidad los desafíos políticos del mañana.

Y acaso ahí reside la clave histórica de todo movimiento político duradero:

Como lo advertía Gramsci, las etapas de reorganización no anuncian el agotamiento de un proyecto, sino su tránsito hacia una nueva forma de equilibrio.

Cuando lo viejo lucha por acomodarse antes de morir; mientras lo nuevo aprende a gobernar: la política deja de ser impulso para convertirse en dirección; deja de ser conquista y empieza a ser permanencia.

En ese punto —silencioso o ruidoso, pero decisivo— los movimientos descubren que la verdadera revolución, no es el momento del ascenso, sino la capacidad de renovarse sin detener la marcha…

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