Cápsula para mascar No. 95

Intentar evitar que las bandas de música sinaloense invadan nuestras playas, sería como querer quitarles la arena.
BBANG
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Culiacán, Sinaloa a 31 de marzo del 2024.

Intentar evitar que las bandas de música sinaloense invadan nuestras playas, sería como querer quitarles la arena.

En días pasados apareció en las redes un video en el que el empresario Neto Coppel, así se describe él; reclama sobre el insoportable ruido que producen las bandas de música sinaloense en las playas del puerto de Mazatlán.

Tal reclamo levantó ámpula, más por la forma en que el señor Coppel lanzó el mensaje, desde un principio con tono violento, denostando por completo a quienes se ganan el sustento con sus trabajos.

¡Ah! Porque también incluyó a los choferes de las llamadas “pulmonías”, que siempre llevan sus aparatos de música a todo volumen, obvio, con la ruidosa banda.

El quejoso con notable irritación afirma que cientos de turistas gringos y canadienses se quejan de esa anomalía de ruido chafa, según expresa, con alusión a nuestro folclor musical.

Y que eso está causando una imagen negativa al puerto, de tal forma, que merma la visita de aquellos que se molestan por el exceso de ruido. 

Ya más sereno, refiere que los hoteleros, entre los que él mismo destaca, hacen un gran esfuerzo por invertir, que día a día se están levantando torres y más torres, ahora mismo hay 14, para que el destino turístico y su población tengan más fuentes de ingreso, pero que esta situación demerita.

Le asiste la razón al señor Coppel, cuando refiere que debe promoverse una legislación para que legalmente se de cabida a una solución a este serio y ruidoso problema.

El pasado 21 de marzo, acompañado de mi amigo José de Victoria, atendiendo una amable invitación del representante del Instituto de Cultura de Sinaloa, ISIC, fuimos a presentar a la biblioteca Ramón Rubín, mi más reciente novela:

Doña Monchi –historia de una madre coraje-.

Y al ir a comer a un restaurante en la playa del malecón, ubicado frente al hotel Hacienda.

Fuimos testigos de cómo una banda, formada por solo cinco integrantes; la verdad no me gustó que se metieran entre los comensales.

Sin embargo, aguantamos vara estimando que es su trabajo, y por supuesto, les dimos su propina. 

Ya una vez terminada la comida, pedimos a un pulmonero que nos llevara a la biblioteca.

De inmediato me agradó que no tenía bocinas ruidosas; pero lo más grato fue que mi amigo empezó a filmar el panorama.

Luego de preguntar por su nombre al chofer, amable me contestó:

-Oscar Osuna, para servir a ustedes. –Oiga, por favor nos podría narrar lo que vamos viendo. 

– ¡Cómo no! Mire aquí vamos pasando por el monumento al Pescador, la gente los identifica como Los monos bichis, esta fue La casa del Marino, aquí tenemos la pequeña quebrada de donde se lanzan los clavadistas, acá está el cerro de la nevería y… allá va el Ferry que va a La Paz.

Hemos llegado a la famosa Copa de leche, aquí cerca está la biblioteca.

-¡Excelente! Amigo, muchas gracias.

Concluyo en que deben normarse los criterios, la inmensa mayoría de turistas que asiste a Mazatlán somos mexicanos; la banda sinaloense es parte muy importante de nuestra alegre forma de ser, que además gusta a millones en el extranjero, demostrado está, no de ahora sino de siempre, artistas, como Lola Beltrán y Luis Pérez Meza le dieron fama mundial.

Es como el Mariachi en Jalisco o la Marimba en el Sureste mexicano; eso es lo que nos identifica y nos engrandece como nación.

Entonces qué hacer: sugiero que autoridades, hoteleros, restauranteros, los integrantes de las bandas y pulmoneros, se unan en una mesa redonda, acuerden y…

¡Que siga tronando la banda en las playas, como de que no! 

IMSS-BIEN 728
Big Bang Fondo Negro

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