CONSIDERACIONES POLÍTICAS DE UN CIUDADANO COMÚN, PERO NO CORRIENTE.

Sé que muchos temblarán de solo pensar en las palabras dictador y régimen dictatorial. 
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Parte IV

En mis tres anteriores participaciones, básicamente he venido hablando de la necesidad de que, en las próximas elecciones del 2 de junio de 2024, le demos todo el poder a todos los candidatos del partido MORENA. 

Esto en sí es el plan C de nuestro presidente el Lic. Andrés Manuel López Obrador; y se lleva a la práctica votando por las candidatas y candidatos de MORENA, tanto a la Presidencia de la República, como a las gubernaturas y presidencias municipales; así como a senadores y diputados de la que será la LXVI Asamblea Legislativa de la Unión.

Esta necesidad estriba en el hecho, de que, dado que los poderes de la Unión iniciarán su período ordinario de sesiones, el 1 de septiembre de 2024, y López Obrador entregará el poder el 1 de octubre del mismo año, habrá por lo menos treinta días para que diputados y senadores aprueben todas las reformas que nuestro actual presidente envíe al Congreso, obviamente, si logramos con nuestro voto la mayoría absoluta. 

Ahora bien, y en honor a la verdad y honestidad, tengo que insistir en que, de ocurrir esto, prácticamente le estaríamos dando poderes dictatoriales a López Obrador, en los treinta días que le restarán de su administración y el mismo poder a la que sea su sucesora, o sucesor, que se puede dar el caso.

Pero eso es necesario, para que se puedan llevar a cabo las reformas al Poder Judicial, en todas sus instancias, y se dé un paso gigantesco en el combate a la impunidad; a la necesidad de que la Guardia Nacional quede definitivamente integrada al ejército, y que se instituya la revocación de mandato, no solo al poder ejecutivo sino a todos los niveles de gobierno, sean locales o municipales, entre las reformas principales tan indispensables.

Sé que muchos temblarán de solo pensar en las palabras dictador y régimen dictatorial. 

Sin embargo, esto se debe a la manipulación de nuestras mentes que hemos venido sufriendo los que nacimos en la década de los cuarenta y, por supuesto, de todos los que han nacido de ahí para adelante.

Porque, vamos a ver, Ángela Merkel fue canciller de Alemania de 2005 a 2021, o sea dieciséis añitos.

Y como se puede leer en Wikipedia, el control del Parlamento por parte del Gobierno ha sido una constante durante el mandato de Merkel como canciller”.  (Sic). 

Sin embargo, nadie se atreve a decir que fue una dictadora. ¿Por qué?

Porque pudo estar en el poder dado que en las elecciones que se dieron durante su largo mandato, el pueblo alemán volvía a votar por ella; y volvía a votar por ella porque estaba de acuerdo con sus decisiones.

Mas cuando al pueblo alemán ya no le pareció que su gobierno le favorecía, simplemente, con su voto, la bajó del caballo.

Algo similar pasó con Margaret Thatcher, la llamada Dama de Hierro, durante su período como primera ministra del Reino Unido de 1979 a 1990. (once años).

Al principio, su política neoliberal, privatizadora e influyente en la reducción del poder de los sindicatos, le restó popularidad, pero dado que no entró en corruptelas con los capitalistas británicos, pronto obtuvo una recuperación económica que le proporcionó reconocimiento popular. Con todo, por sus decisiones no solo enérgicas sino hasta inhumanas en la Guerra de las Malvinas, la convirtieron en casi heroína del pueblo británico.    

Mas está visto que, a los capitalistas, por muy correctos que sean, incluso ingleses, les gana la ambición incluso para joder a su propio país, que para explotar a otros si son muy buenos, 

Pero, bueno, sabido es que como dijo Pablo Neruda, “ellos no tienen patria, su patria es el dinero”

Por lo tanto, se aprovecharon tanto de la desregularización empresarial, y de la oportunidad de comprar empresas del Estado, que Thatcher, después de ser reelegida para su tercer mandato en 1987, se vio obligada a crear el “impuesto a la comunidad”, (siempre la gente común paga los platos rotos), lo cual bajó su popularidad a tal grado, que no tuvo más remedio que renunciar en 1990.

Pero nunca nadie se atrevió a llamarla dictadora.

Sin embargo, presidentes elegidos por la mayoría de sus ciudadanos, y que han logrado que durante su administración sus pueblos hayan progresado, incluso disminuyendo la pobreza en sus países, han sido acusados de dictadores y derrocados por golpes militares, aplastando por la fuerza de las armas toda protesta, esgrimiendo la falacia de que pretendían imponer regímenes comunistas en sus países.

Los casos más conocidos por las generaciones jóvenes, y no tan jóvenes; son los de Salvador Allende, en Chile, quien murió asesinado defendiendo, metralleta en mano, su puesto en la misma oficina presidencial, y no suicidándose como ladinamente dio a conocer la prensa manipuladora, a nivel internacional.

El de Evo Morales, en Bolivia, quien fue reelecto en tres ocasiones, la última inconclusa por un golpe de estado, pero en las cuales, aún sus más recalcitrantes críticos, reconocen que redujo los niveles de pobreza, su país registró crecimientos económicos sin precedentes y promovió la inclusión de la población indígena.

Por cierto, se salvó de ser asesinado gracias a la rápida intervención del gobierno mexicano, quien de inmediato envió un avión de la Fuerza Aérea Mexicana a rescatarlo. 

Sin embargo, y a fuer de ser lo más imparcial posible, tengo que dar a conocer, por lo menos, la opinión de la doctora en Ciencias Sociales, Moira Zuazo, boliviana también post doctorada por la Universidad de Konstanz en Alemania, y por lo tanto reconocida aun en Europa, por conducirse sin influencia alguna, sea ideológica o monetaria. 

La doctora Zuazo reconoce que, en el último período presidencial, inconcluso de Morales, aumentaron los niveles de corrupción, bajó el nivel democrático en cuanto a la libertad de expresión y prensa, y hubo un deterioro de la independencia judicial. 

Pero no a nivel de colusión con la delincuencia, como en México, sino en el plano de la imparcialidad electoral algo así como las maromeras del INE mexicano.

El tercero y último que trataremos, es el caso de Luiz Inácio Lula Da Silva. (Lula es un hipocorístico, o sea un apodo cariñoso del Luis; como en español lo pueden ser Paco de Francisco, o Memo de Guillermo), quien, de ser un obrero metalúrgico activista sindical, después de varios fallidos intentos por alcanzar la presidencia de su país, la República Federativa de Brasil, (1989, 1994 y 1998), no logró la victoria hasta las elecciones de 2002. 

Repitió el triunfo en las del 2006 y no dejó el mandato hasta el 1 de 2011, cediéndole pacíficamente la magistratura a Dilma Rousseff, quien fue destituida en su segundo período, el 31 de agosto de 2016, pero ésta es otra historia.

Para decirlo pronto, durante el largo ejercicio de su mandato, Lula convirtió a Brasil en potencia económica del primer mundo, por encima de Inglaterra. Casi abatió por completo el hambre y la pobreza en su país, Sin embargo…

El 12 de julio de 2017, no obstante los esfuerzos de Dilma Rousseff, todavía en el poder, por nombrarlo Ministro de la Casa Civil, para concederle fuero; después de litigios del mismo Poder Judicial, unos a favor y otros en contra, Lula fue condenado, en primera instancia, a nueve años y seis meses de prisión por el juez Sergio Moro, por corrupción pasiva.  

Tras entregarse el 7 de abril de 2018, estuvo 580 días encarcelado e imposibilitado de presentarse a las elecciones presidenciales de 2018. 

Al respecto Da Silva, palabras más, palabras menos, declaró:

“Nunca creí que poner un plato de comida tres veces al día, a todo brasileño pobre, me mereciera la prisión”.  

El ganador en las elecciones de 2018 fue el ex militar ultra conservador de la extrema derecha, apoyado además por la poderosa oligarquía brasileña, Jair Bolsonaro, quién, en una acción por demás rara, sobre todo para nosotros los mexicanos que vivimos la dictablanda del PRIAN, a su vez nombró al juez Moro como ministro de la Corte suprema.

Pero tarde o temprano, la verdad y la justicia se hacen presentes cuando o poder do povo, una de las acepciones en portugués de “el poder del pueblo”, se hace presente: El 8 de noviembre de 2019 tras cumplir su sentencia: se ordenó la liberación de Lula da Silva.​ 

Y no fue todo, el 8 de marzo de 2021 uno de los jueces de la Corte Suprema anuló todas las sentencias dictadas contra Lula, aduciendo que el juez Moro carecía de competencia para entender de los supuestos delitos que le imputó y, por ende, se inició una investigación en contra del magistrado.

Lo anterior le permitió a Lula, en 2022, presentar oficialmente su candidatura presidencial para participar en las elecciones de ese año, resultando electo para un nuevo mandato presidencial que inició en este 2023 y finalizará en el 2027.

Pero no crean que todo ha sido miel sobre hojuelas, precisamente en enero del 23, al inicio de su mandato presidencial, tuvo que enfrentar una revuelta de la minoría conservadora llevada a cabo por miles de personas de bajo nivel económico, pagados por la ultra derecha brasileña, que salieron a las calles, prácticamente en todo el país, a realizar los más atrevidos actos de sabotaje a las redes eléctricas, incendios y bloqueos de comunicaciones. 

Afortunadamente, la revuelta fue controlada y, que se sepa, Lula, ha podido continuar su labor de desarrollo en la gran   nación iberoamericana. 

Y aquí, como siempre, me veo obligado a detenerme por ser mi aportación mucho más larga de lo que al principio yo pretendía.

Creo que fue necesaria, para utilizarla como base de mi próximo artículo; en el cual analizaré si, decidimos darle a MORENA todo el poder, en las elecciones de 2024, y, si de suceder esto, qué podría pasarnos. 

Bueno, adelantándome, lo digo con toda seguridad, aunque no me guste hacerla de pitonisa:

Lo peor que podría pasarnos es tener a MORENA, seis años más en el poder, para continuar la lucha contra la corrupción hasta su más mínima expresión.

Que logrado esto, los problemas de inseguridad, salud integral e injusticia judicial, que todavía no han podido resolverse por completo, se reducirían también en una gran medida.  

Pero, sobre todo, nos aseguraríamos de que nunca volvieran los tiempos en los que el PRIAN, durante casi cien años, nos sumió en una dictadura que estuvo a punto de hacernos perder nuestra independencia, y aplastó en acciones de las fuerzas armadas, cercanas al genocidio, en las regiones más pobres de México, las vidas de valientes que se atrevieron a alzar la voz. 

Y esa sí fue una verdadera dictadura.

IMSS-BIEN 728
Big Bang Fondo Negro

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