Consideraciones políticas de un ciudadano común, pero no corriente

Existe una gran masa de ciudadanos, entre ellos los jóvenes que por primera vez en su vida votarán en las elecciones del 24.
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Parte 2

En mi artículo anterior, prometí hablar de lo que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) propone: el llamado Plan C, para lograr la consolidación de la Cuarta Transformación del país. 

La solución, aparentemente, es simple: Votar en masa por MORENA, en los próximos comicios de 2024.

Es decir, votar no solo por quien resulte candidata oficial a la Presidencia de la República, en este caso la doctora Sheinbaum, sino también por los candidat@s a senadores, diputados, gobernadores y presidentes municipales de dicho partido.

Para quienes estamos convencidos de que AMLO y su equipo ha logrado un progreso económico y social de nuestro país, nunca antes visto quizá desde el sexenio del Gral. Lázaro Cárdenas, la solución no tiene ningún problema.

Pero existe una gran masa de ciudadanos, entre ellos los jóvenes que por primera vez en su vida votarán en las elecciones del 24, quienes, no reconocerlo sería suicida, definitiva y estultamente, no creen, aunque parezca increíble, valga el retruécano, en la gigantesca infraestructura material, económica y social que la actual administración federal, con el apoyo de los gobiernos locales, y aún sin la cooperación de algunos de la oposición, ha logrado en poco menos de cinco años.

Éstos, millones de ciudadanos, se dividen en dos partes: Los que se oponen a la transformación del país porque definitivamente se han visto privados de sus privilegios anti nacionales, y por lo mismo no tienen remedio… 

Y aquellos jóvenes, adultos, y viejos inclusive,  quienes sin tener motivo alguno que lesione su modus vivendi,  por influencia de los medios manipuladores y la iglesia católica, se niegan a informarse sobre los logros de la Cuarta Transformación; pero, eso sí, viven aterrorizados porque creen a pie juntillas, que el populismo es el primer paso para imponer el comunismo, cuando en realidad, ni en la extinta Unión Soviética se instituyó este sistema que raya en la utopía por sus contradicciones.

A ellos, incluso si se les lee la larga lista de obras y beneficios que se han logrado en el actual sexenio, siempre se llega al mismo callejón sin salida; o no lo creen, o creen que solo son medios para que, corrupción mediante, los actuales funcionarios públicos se enriquezcan aún más que los de anteriores sexenios, (lo cual es casi imposible), o terminan por decir que AMLO es una especie de gran hechicero, que nos ha convertido en peje-zombis, no obstante que muchos de los que vemos con objetividad la situación actual del país, reconocemos también sus errores, que, por cierto, son pocos y de mínima relevancia hasta ahora.

Entonces, hablando de objetividad, tenemos que reconocer algo de lo que nadie habla abiertamente, incluyendo a los enemigos más acervos de la 4T.

Un gobernante cuya mayoría a su favor en ambas cámaras del Congreso de la Unión y el Poder Judicial, por lo mismo nunca se oponga a sus designios, prácticamente se convierte en dictador, aunque solo lo sea por seis años.

Tal como pasó por décadas en el PRI, a lo cual el escritor peruano, Vargas Llosa, llamó la dictadura perfecta.

Sin embargo, AMLO nos ha regalado la libertad de expresión, que en ocasiones llega a un libertinaje vulgar y grosero, así como de protesta pública, aun cuando ésta sea violenta, sin la brutal y cruenta represión que siempre existió, incluso en manifestaciones pacíficas, en todo el período post revolucionario, incluyendo el del neoliberalismo.

Incluso nos quiso regalar el derecho a la revocación de mandato, el cual, por negligencia cívica, no se pudo lograr porque la ciudadanía no salió a votar en número suficiente para lograr la vinculación jurídica, pues, punto y aparte de que el INE no puso las mejores condiciones para facilitar el voto, otra cosa hubiera sido si la gente hubiese salido en masa a la calle a exigir casillas en los lugares en donde no se instalaron.

Aunque, triste es reconocerlo, en muchos estados la asistencia ciudadana fue escasa, hasta en los lugares en donde se instalaron casillas. 

Lo cual indica claramente la apatía política, en general, que todavía existe en nuestro país. 

No recuerdo quien dijo que la única forma de derrocar pacíficamente a un gobierno, es por medio del voto.

Pero, significativamente, las clases que se oponen a la Cuarta Transformación, aparentemente aprendieron la lección, pues, en las elecciones de 2021, en la Ciudad de México, el sesenta por cien del padrón electoral salió a votar en las zonas de alto nivel económico, contra un treinta y seis por cien de las zonas populares.

El cuatro por cien restantes simplemente se abstuvo de votar.

Pero de esto, y de la importancia de que ya no exista la brutal represión a protestar por cualquier medio que sea, hablaré en mi próximo artículo.

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