UN ALCALDE DE CULIACÁN QUE ASPIRE A GOBERNAR SINALOA, DEBERÍA EMPEZAR POR NOMBRAR UN CITY MANAGER.
Cuando un alcalde de Culiacán asume el cargo, invariablemente piensa en el siguiente paso —la gubernatura de Sinaloa— y suele concentrarse en la narrativa política, en la popularidad coyuntural y en el pulso de sus adversarios.
Sin embargo, la verdadera prueba de madurez no está en la estridencia del discurso, sino en algo menos visible y mucho más determinante: cómo gobierna la capital del estado mientras aún tiene el poder en las manos.
En ese punto, la adopción de la figura del City Manager no representa un tecnicismo administrativo: si no una decisión política de alto calibre.
Todavía es tiempo:
El City Manager es una figura administrativa con más de cien años de existencia, originada en Estados Unidos y utilizada hoy en países como Chile y México.
Se trata de un profesional ejecutivo no electo, contratado por el Cabildo para dirigir la administración diaria del municipio con criterios técnicos, eficiencia operativa y continuidad institucional.
En una ciudad como Culiacán, con problemas estructurales de movilidad, servicios públicos deficientes, crecimiento urbano desordenado y presión social permanente, esta figura no es un lujo: es una herramienta de gobernabilidad.
Gobernar bien Culiacán antes de aspirar a gobernar Sinaloa.
Para un alcalde de Culiacán con aspiraciones legítimas a gobernar Sinaloa, delegar la gestión operativa en un City Manager no implica ceder poder, sino demostrar visión de Estado.
Significa comprender que la política fija prioridades, pero que la administración profesional es la que convierte esas prioridades en resultados tangibles y amplía los horizontes.
En su versión moderna, el City Manager traduce promesas de campaña y acuerdos del Cabildo en planes de acción, presupuestos responsables y resultados medibles.
Supervisa servicios públicos, infraestructura urbana y movilidad; incorpora herramientas digitales; impulsa la innovación y la transición hacia modelos de ciudad inteligente, y establece una relación directa y transparente con la ciudadanía.
En un municipio que concentra buena parte del peso político, económico y simbólico de Sinaloa, gobernar con orden administrativo no es menor: es carta de presentación.
Autonomía técnica frente a la tentación política local.
El fundamento legal del City Manager deriva de la facultad del Cabildo de Culiacán para contratar personal técnico especializado.
Es el propio Cabildo quien lo nombra y puede removerlo, pero mientras ejerce, el City Manager cuenta con autonomía operativa para administrar sin interferencia política directa.
Y ahí surge la fricción:
El modelo exige que regidores, funcionarios y operadores políticos abandonen la inercia y valoren intervenir en la gestión cotidiana, sin corrupción y sin protagonismos particulares.
En el contexto sinaloense, donde históricamente la política local ha tendido a confundirse con la administración, ésta separación no resulta cómoda, pero sí necesaria.
Funciones que incomodan, pero que funcionan.
El City Manager ejerce autoridad administrativa directa sobre los directores de policía, tránsito, obras públicas, desarrollo urbano, servicios municipales y finanzas.
Coordina presupuestos, evalúa desempeño, detecta conflictos antes de que se agraven y establece mecanismos reales de rendición de cuentas.
En modelos avanzados, centraliza información diaria mediante plataformas de gestión de crisis, bitácoras operativas y reportes audiovisuales que permiten reaccionar con rapidez ante emergencias, fallas de servicios o conflictos sociales. En una ciudad como Culiacán, expuesta a contingencias múltiples, esta capacidad no es teórica: es estratégica.
Origen anticorrupción, vigencia para Sinaloa
No es casual que el City Manager surgiera a inicios del siglo XX, en ciudades como Dayton, Ohio, como respuesta a la corrupción y al control clientelar de los gobiernos locales.
El modelo separó deliberadamente la política de la gestión técnica.
Por ello se extendió a Canadá, Europa del Norte, Australia y América Latina, y por esa misma razón comenzó a explorarse en México a finales de los años noventa, cuando la falta de continuidad administrativa volvía inviables las políticas públicas locales.
Hoy, en un Sinaloa que enfrenta exigencias crecientes de transparencia, eficiencia y resultados, la figura vuelve a ser pertinente.
Ventajas claras, críticas necesarias.
El City Manager Trabaja bajo contrato, con responsabilidades claras, sin aspiraciones políticas y con evaluación permanente, con garantías de resultados a corto plazo; reduce el clientelismo, profesionaliza la administración municipal, unifica la autoridad operativa y permite continuidad más allá del calendario electoral.
Las críticas existen y deben asumirse: riesgo de centralización excesiva, posible distancia con las necesidades sociales o desconocimiento del contexto local si no se elige adecuadamente el perfil.
Pero, esos riesgos no se resuelven descartando la figura, sino regulándola, vigilándola y adaptándola a la realidad sinaloense.











