¡AVANTI POPOLO! LA PRESIDENTA SHEINBAUM NO ADMITE TUTORES

La quieren reducir a una figura decorativa.
LIC PERMANENTE ENTRADA

Existe y persiste una vieja tentación en el análisis político: confundir la especulación con el diagnóstico, y el deseo personal con la realidad.

Cuando en una sociedad pluriclasista como la mexicana, compuesta por más de 130 millones de personas:          

Varios comentaristas repiten una misma hipótesis, algunos terminan creyendo que tal coincidencia, sustituye a la prueba de que están en lo cierto.                                                 

Aunque no sea así, como es comprensible; y tal coincidencia solo prueba que los comentaristas  y parte de su audiencia, manifiestan estar de acuerdo.  

La carta de apoyo del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, puede interpretarse de muchas maneras: como solidaridad política, como la opinión de un líder histórico o como un mensaje dirigido a su base social.  

Pero lo que no debe hacerse, sin evidencia alguna, es convertirla en prueba irrefutable de que existe una “presidencia tutelada”.                                                             

Porque eso es una apreciación subjetiva intransferible de la verdad.                                                                        

Es una inferencia producto del “sospechismo”…                                                                      

Es cobardía de adversarios que tiemblan al escuchar su nombre.  

Más llamativo resulta que quienes sostienen esa hipótesis no presenten un solo acto de gobierno en el que la presidenta haya declarado obedecer instrucciones de su antecesor, ni una sola decisión administrativa anulada por éste, ni un solo documento oficial que demuestre una dualidad de mando.                                                

En cambio, sí existen cientos de decisiones tomadas por la actual administración que llevan su propia firma y responsabilidad constitucional.

El argumento termina descansando sobre una premisa tan antigua como cuestionable:

Si una mujer comparte un proyecto político con un hombre, entonces necesariamente actúa bajo su sombra. Eso es misoginia.

Esa lógica debe aplicarse con rigor en cuanto a que continúa la línea política del movimiento social que la impulso a poder y con el cual mantiene una relación inocultable, y por reivindicar los postulados de quien la precedió en el cargo.

Paradójicamente, esos analistas de la prensa y comentaristas de la radio, que denuncian una supuesta falta de autonomía, terminan por negar la capacidad intelectual y política de la primera mujer que ocupa la Presidencia de la República.                               

La quieren reducir a una figura decorativa, incapaz de pensar, decidir o ejercer el mando por sí misma.

Ese razonamiento revela más sobre los prejuicios de quien lo formula, que sobre la realidad que pretende describir.

La política se evalúa por hechos, no por metáforas de “titiriteros”, “rabinos” o “presidencias tuteladas”.

Un gobierno es fuerte o débil por su capacidad para tomar decisiones, administrar conflictos, conducir la economía, mantener la estabilidad institucional y conservar la confianza ciudadana.

Y aquí aparece un dato incómodo para los profetas del colapso: una administración que mantiene elevados niveles de aprobación social difícilmente puede describirse como un poder vacío.                                                      

Puede ser criticada, cuestionada e incluso combatida —ferozmente como lo es desde la oposición— pero descalificarla mediante analogías teatrales, pero eso, no sustituye el análisis objetivo.

El periodismo tiene la obligación de cuestionar, de incomodar; no de difamar al poder. El periodismo tiene también la responsabilidad de distinguir entre evidencia y conjetura.                                                       

Cuando varios analistas se limitan a repetir la misma narrativa sin aportar nuevos elementos, dejan de construir el pensamiento crítico para convertirse en una caja de resonancia donde el eco quiere ser argumento y la sincronía pretende pasar por verdad.

La democracia necesita voces independientes, no coros afinados por la misma partitura ideológica. Porque la inteligencia consiste en demostrar; repetir es apenas un ejercicio de memoria.

Finalmente considero que esta versión eleva el debate a un plano institucional, porque:

No discute simpatías políticas, sino la calidad del razonamiento y la necesidad de probar afirmaciones tan contundentes como “AMLO sigue gobernando” o que existe una “presidencia tutelada”.                                                 

Al mismo tiempo, pone sobre la mesa un tema pocas veces señalado:

Que atribuir sistemáticamente las decisiones de una presidenta a la voluntad de un hombre puede reproducir un sesgo de género incompatible con un análisis político serio.

jfa_ot@hotmail.com

LICENCIA PERM

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