Ronald Jhonson: embajador con ADN de espía imperial, asignado al país que equivocadamente considera patio trasero de EE. UU., la nación que se asume policía del mundo.
Idea con la que comulgan algunos mexicanos con síndrome de súbditos y sueños cortesanos, de esos “que queman su casa por ver la de enfrente arder”.
Que en pleno siglo XXI el fiscal de un distrito de Nueva York se sienta con autoridad para pedir la detención urgente de un gobernador extranjero, sin aportar las pruebas suficientes, y lo que es peor, que su grosera petición tenga como efecto la petición de licencia al cargo de dicho gobernador, electo por la mayoría de los votos de su estado, es una sorprendente desmesura.
Y su asombroso resultado es… inaudito.
Por eso mi dicho en columna anterior: “Las razones del poder imperial… son razones suficientes”.
La petición de licencia y la separación del cargo, de motu proprio, por parte del gobernador de Sinaloa, muestra sensibilidad y apertura para facilitar los trabajos de investigación de la FGR, es respeto y cordura de Rocha Moya.
En política no hay soluciones de cien por ciento, dada la forma mediática y ruidosa con que la embajada de EE. UU. Manejó esta petición de detención provisional.
Petición que, a decir del fiscal de la FGR en México, no cumple con las formalidades ni reúne los suficientes elementos de prueba.
No obstante, la deliberada filtración a los medios provocó un linchamiento político múltiple: a todas luces estamos ante un asunto sesgado con tintes políticos de relieve internacional.
¿Por qué las autoridades de EE. UU. y su embajador hicieron pública la solicitud de captura, creando una alerta con efecto contrario a la cautela que impone el tratado internacional? Desatando una campaña de propaganda negra.
“¡Una bomba!”, como dicen los villamelones del derecho y las ciencias políticas: que ocasionó una crisis resuelta en tiempo y forma, dando ejemplo de sensatez y oficio político.
Sin embargo; RRM no pidió licencia por el linchamiento de los medios, la presión política o el acoso perruno de la oposición.
Porque si algo es innegable, es su entereza y su espíritu de lucha.
Soportó a pie firme durante su gestión, una andanada tras otra de ofensas y vituperios, con razón o sin ella pero con lo cojones bien puestos. No cualquiera.
Ni siquiera por temor a ser detenido y extraditado, no.
Lo hizo porque se sabe objeto de una conspiración urdida por la CIA en confabulada con traidores, y porque sabe que el gobierno pendenciero de Trump solo quiere un pretexto, una reacción mal calculada, para abusar de su poder bélico.
El mundo es testigo.
Los mexicanos complotados con la CIA son políticos venidos a menos, de poca monta y al servicio de empresarios conservadores, que se sienten afectados en sus intereses.
Son políticos que no podrán regresar al poder por la vía electoral y optan por la traición, porque no tienen propuestas para la mayoría de los votantes.
Sus partidos, MC, PRI y PAN, son siglas desacreditadas y desahuciadas por las mayorías electorales.
Estamos ante una nueva intentona del Destino Manifiesto del Imperio. Estamos bajo el acecho de la ambición expansionista del anciano presidente Trump:
Un guerrerista frustrado, ayuno de triunfos bélicos, incapaz de rendir a Irán, anémico de aprobación en su propio país.
Desairado por los líderes europeos, manipulado por Benjamín Netanyahu: “No busca quien se la haga, sino quien se la pague” y le gusta México para saciar su ambición expansionista, y le gusta Cuba para saciar sus ansias genocidas.
Porque no le bastó ayudar a Israel a exterminar la población palestina. Porque no le bastó humillar a Venezuela y secuestrar a su dictador. Porque no le funcionó hacer la guerra sin autorización de su Congreso.
Porque no pudo anexarse Groenlandia ni someter a Canadá.
Porque sabe que perderá las elecciones intermedias de su país y será enjuiciado.
Porque la idea de perder el poder lo subleva y lo vuelve implacable. Porque los archivos de Epstein lo han enloquecido.
Mientras tanto, en Sinaloa:
Ante la petición de licencia del gobernador Rubén Rocha Moya, la oposición escuálida y desnutrida del McPriAn ha lanzado sus fanfarrias al aire.
Pero RRM solo está medio combatido y su partido, Morena, no ha rendido la plaza.
“Y como dijo don Teofilito, ni la rendirá”.
La celebración opositora de los mochos, rosario en mano, al estilo de la Marea Rosa, es al pie del templo de La Lomita. ¿Dónde mejor que en un templo católico para celebrar su “triunfo”?
Y celebran que están de acuerdo con la amenaza de invasión extranjera, que simpatizan con los gringos injerencistas.
¿De qué otra forma se puede entender que festejen los ataques del “gabacho” como si fuera éxito propio?
A estos opositores, lacayos del empresariado, decirles —para hacerlos rabiar— que no se alegren tanto:
La licencia temporal de Rocha es para calmarle las pulgas al anciano plutócrata Donald Trump y desactivar la intentona desestabilizadora de sus agencias.
Pero “no hay mal que por bien no venga”.
Qué bueno que afloren las ambiciones soterradas por las candidaturas y que los opositores se quiten la careta y se despojen del disfraz de sociedad civil para mostrar tal cual, sus motivaciones verdaderas.
¿Por qué las autoridades de EE. UU. y su embajador hicieron pública la solicitud de captura, creando una alerta con efecto contrario a la cautela que impone el tratado internacional? Fue una campaña de propaganda negra que intentó un linchamiento político.
Está muy clara la intención del fiscal Jay Clayton del Distrito Sur de Nueva York, [un personero de Trump]: solo quiere meter ruido. No existe la urgencia de tal detención.
Usando la mentira como agresión mental colectiva, para afectar la reputación de un movimiento social y provocar un caos político como estrategia para desestabilizar a un gobierno legítimo.
Y, a la par, levantar una cortina de humo para ocultar la crisis política provocada por la intromisión de los agentes de la CIA en el estado de Chihuahua, al más puro estilo de Donald Trump, que hace la guerra en Irán para ocultar los archivos de Epstein.
Desprestigiando a gobernantes que tardarán tiempo en defenderse y que, aun demostrando su inocencia, no recuperarán su posición política. Porque el daño ya está hecho y EE. UU. Habrá logrado el triple objetivo de una mentira estratégica:
A) Fabricar una cortina de humo para ocultar la injerencia de los agentes de la CIA en Chihuahua, obstruir las investigaciones para evitar el juicio en contra de la gobernadora Maru Campos por traición a la patria y ocultar las maquinaciones del tenebroso embajador Ronald Jhonson.
B) Desestabilizar al gobierno de México acusando al gobernador Rubén Rocha Moya de narcotráfico, que es la mentira favorita de Donald Trump.
C) Enviar un aviso coercitivo al gobierno de México para que no siga enviando ayuda humanitaria a Cuba y para que no ose intervenir en la inminente invasión a la isla.
Y como en este estado la realidad suele llegar tarde pero llega con banda, no faltará quien, dentro de unos meses, jure que siempre supo cómo iba a terminar todo: que el escándalo era humo, que la indignación era de utilería y que los patriotas de ocasión ya tenían listo el traje de reconciliación nacional, bien planchado y sin arrugas.
Entonces veremos a los mismos de hoy —los que aplauden la tormenta— buscando techo ajeno, negando haber encendido el cerillo y explicando, con toda seriedad, que ellos nunca quisieron que la casa ardiera… nomás querían ver cómo se prendía.











