Si uno se pone a hacer un repaso de la historia de nuestro país, se podría constatar que los ejemplos de entreguismo datan de la época de la Segunda Intervención Francesa en México cuando los conservadores fueron a buscar al Emperador Napoléon III a europa con el objetivo de instalar a su similar de Maximiliano de Habsburgo como monarca de México, tras la Guerra de Reforma perdida por estos ante los liberales y la suspensión del pago de la deuda externa a las potencias, con dichos conservadores inconformes con el liberalismo del presidente Juárez, asunto que eventualmente no les salió muy bien porque el archiduque Maximiliano resultó ser una eminencia para su tiempo en cuanto al establecimiento de leyes liberales.
Por eso no resulta sorprendente, volviendo a la actualidad, que actores políticos propongan abiertamente o disimuladamente la intervención norteamericana en nuestro país, considerando las documentadas alianzas que por décadas primaron en el territorio mexicano entre las autoridades y las agencias estadounidenses.
Cualquier persona con dos dedos de frente no puede omitir la relación de complicidad que el antiguo régimen sostenía con la CIA y la DEA, en el marco, por ejemplo, del Plan Cóndor implementado en Latinoamérica en los años setenta por las dictaduras del Cono Sur, que contó como principal aliado a dichas agencias de inteligencia del vecino país del norte.
Querer simplificar la realidad viéndola solamente a través de la perspectiva local es en el mejor de los casos ingenuo y en el peor ignorante.
No hay que olvidar lo que Oswaldo Zavala señala en Los Carteles No Existen, quien en esa obra desafía las nociones establecidas en el imaginario colectivo sobre lo que conocemos como narcotráfico o crimen organizado, y propone que estas se basan en prejuicios e imágenes poco fidedignas respecto al crimen, reproducidas a través de la cultura, el cine y las artes, en donde se legitima la violencia.
Está muy claro que esta cuestión es binacional, en donde EEUU pone las armas y México los muertos. Por otro lado, la propaganda es un mecanismo imprescindible que influye en la visión tanto de mexicanos como de norteamericanos. Sin ella, el adoctrinamiento no tendría lugar. El llamado soft power.
También la academia y los medios de comunicación tienen cierta responsabilidad al compartir el ideario hegemónico de la violencia armada, con la proliferación del periodismo de la nota roja que claramente violenta la dignidad de las personas mientras lucra con las ventas del amarillismo, plantea Zavala.
La terminología utilizada en las notas de los periódicos, palabras a las que malamente ya nos hemos acostumbrado: levantado, n*rc*manta, dec*p*tado, son solo algunos ejemplos que el autor refiere en los que bajo su perspectiva se empobrece el entendimiento profundo de esta problemática.
La economía es otro aspecto clave en el cual se inserta esta problemática y que se suele relegar a un segundo plano.
Sin embargo, si uno revisa los datos, puede constatar que cuando se desreguló la economía junto con los controles, abriendo paso a lo que Stiglitz llamó “fundamentalismo de mercado”, fue justamente el momento de mayor crecimiento de estas organizaciones, pues el elemento estatal fue relegado para dar primacía al mercado (años 80)
Asimismo, la relación entre México y Estados Unidos ha sido una de dominación y asimetrías, una claramente desigual. Hay que decirlo: no solamente el gobierno de ese país nos desprecia, especialmente a los migrantes mexicanos, sino que también buena parte de su gente también le tiene cierto recelo al mexicano.
Me atrevería a decir que ni al mexicano blanco clasemediero lo ven como igual, mucho menos a las personas que provienen de los pueblos originarios.
El gringo promedio no nos ve como iguales.
La asimetría data desde mediados del siglo 19, cuando México perdió casi la mitad de su territorio con el Tratado de Guadalupe Hidalgo que se firmó en el marco de los objetivos expansionistas del vecino del Norte.
Analizar las aristas del narcotráfico requiere el estudio de la trama de relaciones y complicidades en ambos lados de la frontera, con la política exterior de EEUU queriendo históricamente imponer agenda en la manera en que México enfrenta sus asuntos domésticos.
Hay en la palabra narco, una evidente invención -señala Zavala- con definidos fines políticos y la interpretación de este tema tan complejo requiere una perspectiva multidimensional para evitar caer en sesgos de confirmación o imprecisiones que desalientan su comprensión profunda.
Finalmente, habría que replantear la relevancia de algunos asuntos actuales e históricos vinculados con el narcotráfico:
1. La economía es el factor primordial para su proliferación y como ya se señaló, la desarticulación de los controles y funciones estatales para la comercialización de narcóticos en el nombre de la mano invisible del mercado (Adam Smith);
2. La narco-cultura como fenómeno producido por el narcotráfico y no al revés. Es decir, esta es consecuencia y no causa. La causa son las condiciones materiales: “No es la conciencia del hombre lo que determina su ser social, es el ser social lo que determina su conciencia” (Marx).
3. Las ya mencionadas asimetrías y autojustificadas intervenciones norteamericanas en la región, con el objetivo de “ajustar” a aquellos gobiernos que no estén alineados con Washington (Años 70: golpe de Estado al democráticamente electo presidente Salvador Allende de Chile, implementación de las ideas económicas de los Chicago Boys a lo Milton Friedman; golpe a Isabel Perón e instauración de la dictadura cívico-militar de Videla, también Años 70, en el Plan Cóndor y en el marco de la guerra fría);
4. El negocio multimillonario de las empresas armamentísticas de EEUU que las venden a las organizaciones y las trasiegan del otro lado de la frontera; esto aunado al lobby que la NRA realiza en el Congreso de EEUU.
5. La desesperación de Washington por retomar la hegemonía perdida ante el avance de la República Popular China, que los ha superado en diversos indicadores.
6. Los bajos niveles de aprobación de Trump ante las ya cercanas elecciones intermedias de noviembre.
Gramsci decía que las crisis surgen cuando lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer.
Sin duda, el pensador italiano sigue vigente y esta frase sintetiza muy bien las patadas de ahogado que el imperialismo está soltando librando guerras en donde no las hay, amparado en su poderío militar y con la evidente complicidad del mundo occidental, especialmente del Estado de Israel y el resto de derechas internacionales.
El caos y la desestabilidad a nivel mundial tiene un solo responsable. El hegemón está en decadencia, pero no quiere soltar el poder.
Al final, no hubo fin de la historia (Fukuyama).











