¡AVANTI POPOLO! ACOSO Y CANIBALISMO DE GÉNERO [II]

El abuso de poder, independientemente del género, implica el usar una posición de autoridad para infligir daño.
LICENCIA PARA SIEMPRE

En un marco teórico ampliado: 

Los temas de abuso del poder femenino, la falta de sororidad y la incoherencia política, no son privativos de la política y del ámbito gubernamental; se manifiestan en las esferas pública y privada; aunque a menudo se dan casos específicos que son objeto de agrios debates y reñidos enfrentamientos;

—Como la escandalosa trifulca, salvaje pandemonio protagonizado por diputadas de diferentes partidos políticos el pasado día 15 de diciembre en la asamblea legislativa de la CDMX — lo que mejor ilustra estos conceptos, es a través de situaciones que involucran el ejercicio de la autoridad, la relación institucional entre mujeres y las conductas políticas.

El abuso de poder, independientemente del género, implica el usar una posición de autoridad para infligir daño, ejercer control o tomar ventaja de otros. Existen muchos ejemplos conceptuales de mujeres en puestos de mando que incurren en actos de prepotencia y despotismo como:

El mobbing o acoso laboral, en el que una jefa descalifica, humilla o amenaza con el despido injustificado a empleadas, o que hace alusiones indebidas a su vida privada para ejercer control.

El favoritismo o nepotismo, que significa usar una posición de influencia para otorgar puestos o beneficios a familiares o amigas sin basarse en méritos, y desplazando a personas mejor calificadas.

La obstrucción de derechos, impidiendo que otras mujeres accedan a la justicia y a oportunidades de desarrollo, utilizando su autoridad para negar información o recursos necesarios para su desempeño. 

La falta de sororidad se refiere a la ausencia de solidaridad y apoyo mutuo entre mujeres. En los ámbitos público y personal, suele manifestarse de varias maneras. 

En términos de violencia política: habrá casos en los que mujeres en cargos políticos, ejercerán violencia psicológica, simbólica o económica contra otras colegas para limitar o para anular su participación política.

Esto puede ser denostándolas, cuestionando su capacidad o excluyéndolas de la toma de decisiones.

Ejerciendo un Mansplaining femenino; grotesca imitación de machismo:

En el que una mujer en posición de poder, consciente o inconscientemente, reproduce dinámicas patriarcales o estereotipos de género para criticar a otras mujeres, como insinuar que “no es ella, es él” quien realmente toma  las decisiones.

La negación de apoyo de mujeres, quienes, habiendo alcanzado puestos de liderazgo; no facilitan ni promueven la creación de redes de apoyo o mentoría para otras mujeres, y que por el contario obstaculizan su ascenso, como se ha podido observar particularmente en la LXVI legislatura del Congreso del Estado Sinaloa.

La falta de coherencia política se da cuando los hechos no corresponden a las palabras o a los principios que se defienden públicamente, o cuando la ley no se aplica de manera indistinta e imparcial, toda vez que ésta misma establece la obligación de juzgar con perspectiva de género, analizando roles sociales, estereotipos y desequilibrios de poder para visibilizar y combatir la discriminación contra las mujeres, sobre todo aquellas mujeres vulnerables por su condición de subalternas.   

A pesar de que las reformas legales en México exigen la paridad de género en los órganos de gobierno, se han reportado casos donde los comités de evaluación, o los Congresos Locales, no respetan este piso parejo de representación femenina; provocado justamente por mujeres versus mujeres; con la tolerancia de las demás legisladoras.

La falta de coherencia, con frecuencia está representada por el uso de figuras legales, como el uso de la violencia política de género, para censurar o silenciar críticas políticas legítimas de otras ciudadanas, banalizando de esta manera una herramienta que fue diseñada para proteger a las mujeres de agresiones reales.

En términos generales, el feminismo contemporáneo ha desarrollado un cuerpo teórico que permite analizar cómo las mujeres ejercen, disputan y reproducen dinámicas de poder.

A decir verdad, existen casos muy notorios que distan de manera bochornosa de algunas de las autoras más comprometidas, que son pioneras del feminismo, como muestra citaré solo algunas de ellas:

Bell Hooks:

En su libro “El feminismo es para todo el mundo” desmitifica el feminismo y lo presenta como lo que es, la lucha permanente por la igualdad. Aborda la necesidad de un feminismo inclusivo y que se opone al sexismo y al patriarcado.

Que considera la interseccionalidad de raza, clase y género, que promueve una visión del feminismo como una política de amor y transformación, y busca que la sociedad sea más justa y libre para hombres y mujeres por igual. 

Judith Butler, es una autora cuya obra ha sido fundamental para el feminismo de tercera ola y la teoría queer.

Su perspectiva se centra en la idea de que el género no es una esencia puramente natural, sino una construcción social y política que se manifiesta a través de la performatividad.

Celia Amorós y su “Crítica de la razón patriarcal” es un concepto central que analiza cómo la filosofía, la cultura y la sociedad han construido un sistema androcentrista que subordina a las mujeres.

Que legitima el orden social donde las mujeres son consideradas inferiores o secundarias.

Amorós busca desvelar las estrategias de poder que se esconden tras la supuesta neutralidad de la razón y cuestiona el canon literario, la exclusión de las mujeres del discurso filosófico y las estructuras políticas que perpetúan la desigualdad. 

El término “sororidad” fue propuesto en 1921 por primera vez, por el escritor y filósofo español Miguel de Unamuno [perteneciente a la llamada generación del 98] para referirse a la fraternidad femenina; sin embargo, fue la mexicana María Marcela Lagarde de los Ríos: política, académica, antropóloga e investigadora especializada en etnología y representante del feminismo latinoamericano. 

Más conocida como Marcela Lagarde, autora del libro: 

“Los cautiverios de las mujeres: Madres, esposas, monjas, putas, presas y locas” quien popularizó y resignificó el término sororidad en el contexto de las luchas feministas de los años 90, como “una alianza política entre mujeres” para trabajar juntas a partir del concepto inglés:

“Sisterhood” utilizado por feministas como Kate Millet, escritora, artista y feminista radical estadounidense que en los 70 acuñó la frase “lo personal es político” que sostiene que los problemas personales, como la violencia doméstica, la sexualidad, la desigualdad en el hogar o el trabajo, no son solo asuntos individuales, sino que están arraigados en las estructuras de los poderes político y patriarcal androcentristas.

Ellas han señalado que el feminismono se limita a la búsqueda de la igualdad formal, sino a la construcción de relaciones más justas en los espacios cotidianos. 

La noción de sororidad, aunque debatida en algunos círculos, suele entenderse como un principio ético que promueve el apoyo, la empatía y la no violencia entre mujeres.

Cuando una líder incurre en prácticas de acoso contra otra mujer, infringe este principio y revela una fractura entre el discurso emancipatorio y su comportamiento impropio.

Además, las teorías feministas críticas, subrayan que las mujeres no están exentas, — ya sea por influencia, imitación, revanchismo o celos, — de reproducir conductas y  estructuras patriarcales.

Como lo explican algunas autoras de la corriente del feminismo institucional, acceder al poder dentro de los sistemas jerárquicos, no garantiza que ese poder se ejerza con perspectiva de igualdad; por el contrario:

Si no se consolida el compromiso ético de manera e x p l í c i t a… puede derivar en la reproducción de lógicas de dominación.

Desde esta perspectiva, la conducta de una mujer que acosa a una subalterna, no está cometiendo un simple acto de “contrafeminismo”, sino evidenciando, una manifestación patriarcal clásica del cómo, las estructuras de poder pueden moldear comportamientos autoritarios más allá del género.

Recientemente se han podido observar a importantes figuras femeninas del ámbito político sinaloense, que promueven un falso discurso de cercanía con el pueblo, pero que a la par, llevan un estilo de vida arrogante y prepotente.

Nunca más oportuno que hoy para recordarles, que fue precisamente la arrogancia  y el despotismo Panista, el cinismo y la deshonestidad Priista, catalizado por la falsía de un Perredismo fementido, lo que provocó el hartazgo de la mayoría del pueblo mexicano hundido en la pobreza; que al despertar de cuatro décadas de anestesia política, exigió un cambio de  gobernantes y de modelo económico…

Pacífico pero radical —“el pueblo se cansa de tanta pinche tranza”— y votó por ese cambio el 2018 y votó el 2024 por el plan “C” profundizando la 4Transformacion.

Para cambiar su realidad, para  arrojar al basurero de la historia al viejo régimen corrupto y caduco, y para darles una patada en el trasero a los políticos y a las políticas fantoches, engreídas, cínicos, prepotentes, arrogantes etc…

Sin embargo, con precoz desmemoria y al influjo de la futurología política: algunas diputadas y senadoras, así de poderosas como en el pasado, quisieran lucir hoy, que estamos en vísperas de la temporada de zopilotes del 2027…

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