La trampa ludópata

La adicción al juego en casinos se puso al alcance de cualquiera

Culiacán de los baches y los topes, Sinaloa, 22 de octubre 2026.

El 29 de abril de 2004 se presentó la iniciativa de Ley Federal de Juegos con Apuestas y Sorteos, que reformaba y adicionaba diversas leyes fiscales, suscrita por diputados del PRI, PVEM, PT y 36 integrantes del Grupo Parlamentario del PRD.

Esa iniciativa se orientó a legalizar los casinos “como un servicio turístico que amplíe el menú de opciones, pero que de ninguna manera constituya la oferta turística central que el país pudiera ofrecer a sus visitantes extranjeros”.

En unos pocos años quedó claro que el argumento de las “opciones turísticas” carecía de base y que la población local en los lugares donde se instalaron casinos se convirtió en la clientela principal, dañando gravemente a las economías familiares.

Y NADA DE ESO SE CUMPLIÓ

Se propuso también que la instalación de los casinos no fuera generalizada en el territorio nacional y que la Comisión respectiva sólo otorgara permisos si se considera que contribuirán “a una mayor captación de turistas, principalmente de origen extranjero”.

Además, que “a fin de evitar o atenuar los inconvenientes de carácter social, moral, de salud y seguridad pública, financieros y de cualquier otra índole, la Comisión debería evitar la proliferación indiscriminada de dichos establecimientos”.

Pero lo que vemos en la actualidad es precisamente la proliferación de casinos en todas partes del país donde haya dinero circulante y eso de la “captación de turistas” es una verdadera falacia.

PALABRAS EN EL VACÍO

En el curso de la discusión se propuso que no deberían legalizarse casinos, ni regularizarse casas de apuesta permanentes.

Algunos legisladores opinaron que no se debe “fomentar una actividad que busca lucrar con la promoción masiva y la agudización de una enfermedad mental incurable, en beneficio de unos cuantos mercaderes de la adicción”.

Eso atentaría, se dijo, contra el derecho a la salud consagrado en la Constitución y sería incongruente con los esfuerzos que el Estado mexicano realiza en contra de las adicciones. 

Datos oficiales revelan que se gastan miles de millones de pesos cada año a través del Consejo Nacional contra las Adicciones (Conadic) y, en efecto, es una incoherencia absoluta incentivar la adicción al juego mientras que por otro lado, supuestamente, se combate las adicciones.

LA LUDOPATÍA SIN FRENO

Por otra parte, “los casinos y salas de juego permanente son el lugar ideal para la manifestación de la ludopatía.

La Organización Mundial de la Salud considera que la ludopatía es una enfermedad; es decir, jugar en casinos y salas de juego permanente causa daño a la salud”.

Sin duda, el juego en casinos es una adicción que conlleva dependencia sicológica que puede, en casos extremos, degenerar en dependencia física.

Al legalizarse la operación de casinos, la adicción al juego en casinos se puso al alcance de cualquiera que manejara recursos, incluso para la subsistencia familiar.

Paralelamente, las casas de empeño comenzaron a proliferar en las ciudades con casinos.

Por ejemplo, en Culiacán en los setenta no llegaban a tres y ahora se cuentan por decenas.

A ellas acuden cada vez más amas de casa y jefes de familia que dejan sus recursos familiares en los casinos.

El empeño de autos y hasta de casas, que hace unos años era excepcional, ahora es muy frecuente. 

¿PARA QUIÉN ES EL NEGOCIO?

Diversos estudios han demostrado que por cada peso que se embolsa un dueño de casino, la sociedad tiene que gastar seis por los efectos nocivos:

Bancarrotas, desfalcos, criminalidad asociada a la ludopatía (robos, fraudes, secuestros), terapias, procesos legales (prácticamente todos los ludópatas acaban cometiendo un delito), atención de hijos abandonados y descuido criminal de las obligaciones familiares y sociales.

Por otra parte, es un hecho que los casinos y salas de apuesta permanentes “son el mecanismo ideal y más barato para lavar dinero procedente de actividades delictivas”, como se argumentó por la oposición en el Congreso durante la discusión de la iniciativa de 2004. 

Se denunció entonces que la Secretaría de Gobernación sabía que, aparte de los “legales”, había (y hay) muchos casinos clandestinos “pero se hace de la vista gorda y no los combate, mientras que los diputados procasinos les hacen el juego a los cabilderos diciendo que, si de todos modos existen, hay que legalizarlos”.

Así están las cosas ¿y que siga la fiesta?

EN EL TINTERO

–Nada más obsceno que la criminal concentración de la riqueza en el mundo, fortunas multimillonarias, estrambóticas, que ofenden al sentido común, mientras la pobreza se incrementa y las derechas defienden lo indefendible.

–Tiempo de evaluar si el esfuerzo por conservar esta columna realmente vale la pena, ante el pasmo social, mediático y cultural que presenciamos.

(Cano.1979@live.com).

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