IMELDA CASTRO: LA HORA DE LA RESPONSABILIDAD

Imelda había llegado al proceso como una de las figuras mejor posicionadas.
SATES 3

En política hay decisiones que sorprenden y otras que simplemente confirman lo que el ambiente ya había anunciado

La designación de la senadora Imelda Castro Castro como coordinadora de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Sinaloa, pertenece sin duda a esta categoría.

No hubo trueno ni relámpago.

Cuando Morena abrió formalmente el sobre, buena parte del escenario ya estaba leído. 

Imelda había llegado al proceso como una de las figuras mejor posicionadas y finalmente recibió de la dirigencia nacional la constancia que la coloca al frente de la estructura política del movimiento rumbo al 2027.

Así que, bienvenida la nueva coordinadora.

Imelda Castro no llega a esta responsabilidad como una improvisada. Tiene formación académica y carrera política.

Su trayectoria atraviesa varias décadas de participación política en la izquierda, desde El Barzón y la fundación del PRD hasta su incorporación a Morena; ha sido regidora, diputada local, diputada federal y senadora, además de desempeñar responsabilidades partidistas, gubernamentales y universitarias.

Tiene, por tanto, algo que en política suele escasear: historia propia.

Ella no recibe solamente una candidatura en ciernes.

Recibe, políticamente hablando, una estructura que necesita recomponer su unidad, territorio y confianza, en una entidad sometida a una crisis simultánea de seguridad, gobernabilidad y economía.

El propio diagnóstico que acompaña su designación reconoce que Morena necesita reconstruir su posición política y mantener cohesionados a sus distintos grupos.

Quizá lo más interesante del primer discurso de Imelda en su nueva responsabilidad, no estuvo en lo que prometió, sino en la dirección hacia la que decidió mirar.

“No vengo a hablar del pasado, sino de lo que viene para Sinaloa, para su futuro.”

Y los sinaloenses podemos tomarle la palabra.

No para eximir el pasado de responsabilidades —para eso están las instituciones, las investigaciones y los expedientes — sino para medirla y fincar en ella la expectativa de lo por venir.

Sinaloa necesita algo bastante más complicado: cambiar los resultados.

La propia Imelda Castro puso sobre la mesa tres conceptos que no admiten demasiada retórica: paz, prosperidad y organización. También habló de reconstruir la presencia territorial del movimiento, desde las secciones electorales hasta las colonias, calles y comunidades.
Ahí está la primera prueba que es la clave.

La unidad no se decreta, se construye.

Por un elemento que merece ser observado con atención.

El proceso interno terminó antes de lo que originalmente se había anunciado.

Diversas voces señalaron que no se realizó la encuesta intermedia de los seis perfiles que había sido planteada y que la definición terminó resolviéndose como una candidatura o coordinación de unidad, y aunque ese parece ser un buen indicio; conviene no perder de vista que sobre la equidad descansa la concordia.

Ahora comienza la segunda parte.

Jalar a los grupos, dialogar con los adversarios internos, escuchar a quienes no estuvieron con ella y construir una convocatoria que trascienda las fronteras partidistas, será tarea más importante que administrar bien la victoria interna.

Por eso la virtual candidatura de Imelda tendrá que cargar con una pregunta que no podrá responderse con propaganda:

¿Qué la hará diferente?

No necesariamente diferente de Morena. Pero sí diferente de lo que hasta ahora no ha funcionado, y que debe funcionar.

La flamante coordinadora ha dicho que “Sinaloa es mucho más grande que sus problemas y que su gente constituye su principal fortaleza”. Es una afirmación legítima y además, políticamente necesaria.

Graciela e Imelda: dos tiempos de una misma transición

Mientras Graciela Domínguez enfrenta la responsabilidad de conducir el presente desde la gubernatura interina, Imelda Castro comienza a construir políticamente el futuro.

No son funciones equivalentes.

Una debe gobernar la emergencia.

La otra tendrá que construir una alternativa de futuro.

Pero ambas estarán inevitablemente conectadas por el amor al pueblo, persiguiendo el mismo sueño. Lo que ocurra en Sinaloa durante estos meses, modificará el terreno sobre el cual se disputará el destino de Sinaloa del 2027 al 2033.

Para entonces, ya se estará construyendo el tercer piso de la Cuarta Transformación y la presidenta Claudia Sheinbaum será el recuerdo señero de estos tiempos, esperando impasible el fallo solemne de la historia.

Cierto, la ciudadanía se atendrá al calendario electoral.

Pero  entretanto, no dejará de lidiar con sus problemas, sometida al bombardeo de la propaganda flamígera de los medios iracundos y amarillistas, señalando sin tregua pecados ciertos y falsos por igual.   

El respaldo político de la marca de Morena no es un cheque en blanco.

La política sinaloense llega a esta etapa con varias facturas pendientes como para permitir que otra vez se confunda la esperanza con la ingenuidad.

Imelda Castro recibe hoy una oportunidad que la política concede muy pocas veces: comenzar una nueva etapa sin tener que cargar necesariamente con todos los errores del pasado, pero sí con la obligación de demostrar que, aunque ajenos, aprendió de ellos.

Y eso vale para todos los que eventualmente aparezcan en la boleta.

La lucha por el proyecto tiene un objetivo inconfundible, que no se sustituye con nada: El voto ciudadano.

Por eso, bienvenida Imelda Castro a esta nueva etapa.

No desde la euforia de quien recibe una distinción tan motivadora, sino desde la serenidad de quien entiende, que esa distinción política puede convertirse rápidamente en una pesada responsabilidad.

El movimiento ya decidió. Ahora toca a la sociedad observar y participar.

Morena ya tiene coordinadora y Sinaloa espera la solución de su futuro.

El reto no es menor.

La hoja de ruta: mirar hacia adelante sin negar lo ocurrido; reconocer la dimensión del problema sin rendirse ante él; y convertir la política en instrumento de reconstrucción y no solamente de sucesión.

Al final del camino, habrá una boleta. terminará el protocolo y comenzará el veredicto.

Y frente a ella, la esperanza del pueblo, pueblo, pueblo!…

jfa_ot@hotmail.com

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