¡AVANTI POPOLO! EL “Y SI SÍ…” DE LAS Y LOS ASPIRANTES

La dirigencia nacional todavía tiene muchas cartas por mover.
SINALOA FUTBOL 3

Hay una enfermedad muy mexicana que cada seis años se vuelve epidemia.

El síntoma es “Y si sí…”

No necesita vacuna. Basta una encuesta telefónica, un café con algún dirigente nacional o una fotografía tomada frente al edificio correcto para que aparezcan los primeros síntomas.

—¿Y si sí soy?

Y entonces comienza el desfile. Unos piden licencia. Otros imprimen lonas.

Los más optimistas ya hasta mandaron planchar la guayabera blanca para la toma de protesta… por aquello de que “nunca se sabe”.

En Sinaloa la temporada llegó puntualmente.

Trece aspirantes recorren el estado convencidos de que la historia los está esperando a la vuelta de la siguiente comunidad.

La prensa ya los acomoda como si estuviera narrando una liguilla.

Que uno sube.  Que otro baja.

Que éste trae estructura. Que aquél trae encuesta.  

Que el otro ya se cayó. Que la compañera va creciendo.

Que el diputado ya alcanzó a la senadora. Que la senadora ya rebasó a la diputada.

Que la diputada federal y la  senadora se empataron.

Que la diputada abucheada es la buena.                                                                                                  

Que alguien del bienestar pasará al malestar.                                                                                      

Que será Gavilán y no Paloma.                                                                                                                          

Que el diputado federal y el alcalde defenestrado se disputan el padrinazgo.                                                                          

Mientras tanto el ciudadano observa el espectáculo con la serenidad del aficionado que ya vio demasiados torneos.

Porque la política, igual que el fútbol mexicano, produce especialistas en celebrar victorias imaginarias.

Cada proceso revive el mismo libreto del “ya merito”. “Ahora sí.” “Esta vez será”.

“Traemos números.” “Ya nos dijeron”.

“Tenemos información de allá” haciendo mueca de lengua contra carrillo, ojos entornados y mentón señalando arribota. Y cerrando con “Las mediciones nos favorecen.”

Exactamente igual que el comentarista deportivo que cada Mundial anuncia que México está listo para dar el famoso quinto…y perdiendo un partidazo.

Se llega el día, aparece la realidad y “el gozo al pozo”

Los columnistas locales animan la coyuntura, discutiendo, y ensayando quienes regresarán a su cargo “si pierden”.

Los más colmilludos calculan quién quedará de los últimos seis.

Algunos ya reparten candidaturas de consolación y configuran puestos de recompensa.

Y no falta quien explique que todo forma parte de una sola, única y sofisticada operación política.

Si, puede ser. O puede ser simplemente que todavía no empieza la verdadera partida.

Porque una cosa es el filtro. Otra muy distinta la encuesta.

Y completamente otra es  la decisión política que terminará construyéndose alrededor de ella.

Porque en política, como en el fútbol, existe una diferencia enorme entre jugar bonito y levantar la copa. Eso tiene sus asegunes.

Lo curioso es que todos hablan de los jugadores… pero nadie menciona al director técnico.

La dirigencia nacional todavía tiene muchas cartas por mover.

Las circunstancias cambian todos los días. Los contextos y escenarios para la foto también.

Porque la opinión pública no tiene palabra de honor, se ríe de las certezas y goza deshojando su real incertidumbre.

Y la crisis que aquí se vive tiene la terca y desagradable costumbre de estar ahí, haciendo mal tercio, aunque nadie la quiera ni la pele… parece de casa.

Por eso resulta prematuro escribir obituarios políticos… y de mal gusto repartir coronas.

El proceso apenas comienza y la verdadera encuesta no está en los teléfonos, sino en la construcción silenciosa del consenso.

Las candidaturas rara vez nacen de la euforia; suelen aparecer cuando la hegemonía ya decidió quién puede garantizar continuidad sin provocar fracturas. Lo demás —bardas, selfies, porras y columnas prematuras— pertenece al folclor indispensable de la democracia mexicana.

Es el interminable campeonato del ‘y si sí…’, donde casi todos se sienten campeones… hasta que el árbitro pita el final.

Quien hoy presume ir en caballo de hacienda puede terminar “bajado del macho al primer reparo” o en el primer retén.

Y quien hoy parece desechable puede ser mañana la pieza indispensable del rompecabezas. ¿Será?

Así funciona la política. No es una carrera de cien metros.

Es una partida de ajedrez y ganarla, más que buena apertura y buen desarrollo: requiere mente de hielo, corazón de fuego y oficio político para jugar el final, dándole a cada soldado un fusil de general…

 Por eso conviene tomar con prudencia las certezas absolutas.

Porque en Sinaloa todavía no sabemos quién será el coordinador. Mucho menos quién será gobernador.

Lo único verdaderamente seguro es que durante los próximos meses seguiremos escuchando el viejo himno nacional de toda sucesión política:

—”…¿Y si sí?”

SIN FUTBOL 4

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