Una visita presidencial no termina cuando la Presidenta abandona el escenario.
En realidad, ahí comienza otra parte de la historia: la que ya no se construye con discursos, sino con decisiones; la que deja de depender de los reflectores y empieza a medirse por los resultados.
Claudia Sheinbaum estuvo en Sinaloa el domingo pasado.
Dejó anuncios, compromisos, definiciones políticas y una fotografía institucional inequívoca: el Gobierno de la República mantendrá su presencia en el estado y expresó públicamente su respaldo a la gobernadora Graciela Domínguez.
Pero debajo de esa fotografía quedó algo más importante.
Quedó una sociedad que no se cansa de esperar.
Y quizá ése sea el verdadero mensaje después del mensaje.
UNA VISITA, TRES MENSAJES
La primera lectura de la visita fue evidente: seguridad.
No podía ser de otra manera.
El rezo que ya es letanía permanente: “Sinaloa lleva dos años viviendo bajo los efectos de una crisis que modificó la vida cotidiana, alteró actividades económicas y convirtió la seguridad en la preocupación central de amplios sectores sociales”.
La Presidenta anunció que las fuerzas federales permanecerán en Sinaloa el tiempo que sea necesario.
La segunda lectura fue el bienestar.
Claudia Sheinbaum no se limitó al despliegue de fuerzas de seguridad. También dejó anuncios relacionados con educación, deporte, salud, programas para jóvenes, infraestructura y subsidio eléctrico.
Y la tercera fue soberanía.
Desde Sinaloa, Sheinbaum volvió a colocar sobre la mesa la posición de su gobierno frente a cualquier intento de injerencia extranjera: cooperación sí; conducción de la seguridad nacional desde fuera, no.
Tres mensajes distintos. Pero los tres conducen a una misma pregunta:
¿Cómo se convierte todo esto en tranquilidad concreta para todos los sinaloenses?
EL PROBLEMA NO ES SOLAMENTE POLICIAL
Éste es uno de los elementos menos visibles de la visita presidencial.
La respuesta federal no fue presentada únicamente como una operación de seguridad.
También habló de bienestar.
Y eso tiene una lógica política y social que merece ser vista sin propaganda ni descalificación.
Una sociedad sometida durante demasiado tiempo a la incertidumbre, necesita recuperar algo más que la presencia de las fuerzas de seguridad.
Necesita volver a utilizar sus calles para exhibir sus mercancías y atraer compradores.
Necesita recuperar su actividad económica y volver a tener buenas ventas.
Necesita que productores agrícolas y pesqueros tengan condiciones y créditos para trabajar.
Necesita escuelas funcionando, jóvenes con oportunidades, servicios médicos y espacios públicos libres de punteros, puchadores y generadores de violencia.
En pocas palabras:
Las fuerzas de seguridad puede contener una emergencia; pero la paz permanente necesita reconstruir la normalidad.
Por eso la visita presidencial dejó una agenda más amplia que la estrictamente policiaca.
PARA GRACIELA: EL RESPALDO Y LA RESPONSABILIDAD
Hay otro mensaje que no debe perderse entre los anuncios.
La Presidenta respaldó públicamente a Graciela Domínguez.
En términos institucionales, la señal es clara: la Federación reconoce en ella al Gobierno Interino de Sinaloa como interlocutor; y manifiesta su disposición de trabajar coordinadamente con él.
Pero el respaldo tiene una segunda cara.
También aumenta la responsabilidad regional.
Porque cuando la Federación compromete su apoyo, la coordinación deja de ser solamente una fotografía política y empieza a convertirse en una obligación administrativa.
Habrá que ver qué ocurre con las reuniones del gabinete federal anunciadas para Sinaloa y que políticas o nuevas medidas nos propone.
Habrá que seguir los compromisos con el campo y la pesca.
Habrá que observar qué sucede con el subsidio eléctrico.
Habrá que verificar los proyectos de educación, deporte y salud.
Y, por supuesto, habrá que medir si la estrategia de seguridad produce resultados perceptibles para la población.
Ahí comienza la parte verdaderamente difícil.
SOBERANÍA HACIA AFUERA, ESTADO HACIA ADENTRO
La defensa de la soberanía tuvo además una lectura particular por el lugar desde donde fue pronunciada. Puso a Sinaloa en el centro del debate internacional.
Porque hoy Sinaloa no es cualquier escenario, cuando se habla de seguridad, narcotráfico y cooperación internacional.
La Presidenta sostuvo que la injerencia extranjera no resuelve los problemas; y defendió una relación con Estados Unidos basada en soberanía y cooperación.
El mensaje tuvo y tiene una dimensión nacional.
Pero adquiere especial resonancia aquí, para nosotros los sinaloenses.
Porque mientras hacia afuera, México reclama su capacidad soberana para conducir su política de seguridad, hacia adentro enfrenta la necesidad de demostrar que esa capacidad puede traducirse en protección efectiva para sus ciudadanos.
SOBERANÍA HACIA AFUERA; ESTADO HACIA ADENTRO.
Ésa es la ecuación.
Y su resultado no se conocerá por lo que se diga en una tribuna.
Se conocerá en las calles, en los centros comerciales, en las colonias de ricos y pobres de pueblos y ciudades de todo el estado.
DOS DOMINGOS, DOS CARAS DE LA MISMA SOCIEDAD
Hay imágenes para conservarse.
Un domingo antes, ciudadanos marcharon vestidos de blanco para reclamar paz.
El domingo siguiente, miles de personas acudieron a recibir a la Presidenta.
Podrían parecer fotografías contrapuestas programadas por la I A.
Pero no lo son.
Porque una parte de la sociedad puede salir a marchar para reclamar al Gobierno que detenga la violencia y, otra parte de la misma sociedad puede congregarse para recibir a quien representa a toda nación.
Puede exigir seguridad sin rechazar al Estado.
Puede escuchar a la Presidenta y conservar intactas sus preguntas.
Puede esperar. Pero puede también comenzar a impacientarse.
La ciudadanía no está obligada a escoger entre exigir y escuchar. Puede hacer ambas cosas.
Ésa quizá sea una de las claves para entender el momento sinaloense.
EL DICHO Y EL HECHO
Ahora comienza la etapa menos espectacular.
La visita produjo anuncios.
Los anuncios deberán convertirse en expedientes.
Los expedientes, en acciones.
Y las acciones, en resultados.
Ésa es la cadena que habrá que seguir.
Porque un subsidio anunciado no es todavía un beneficio recibido.
Una reunión anunciada no es todavía una solución.
Una obra anunciada no es todavía una obra terminada.
Y una estrategia de seguridad anunciada; no equivale todavía a espacios úíblicos seguros.
No se trata de negar ni de celebrar compromisos.
Se trata de la distancia entre lo que se dijo y lo que se convierta en hechos.
Sinaloa no necesita epopeyas, ni catástrofes anticipadas.
La Presidenta ya habló. Ahora hablará el tiempo. Hablarán las estadísticas de seguridad. Hablarán los productores. Hablarán los comerciantes. Hablarán los jóvenes. Hablarán las familias. Hablarán las calles.
Falta la respuesta del diario acontecer.










