AVANTI POPOLO. SEGUNDO INFORME: EL ESTADO QUE GUARDA LA REPÚBLICA

En una relación asimétrica, la soberanía también se ejerce mediante la capacidad de negociar.
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Hay informes que se presentan para anunciar un nuevo rumbo y hay otros que tienen una función distinta: demostrar que el rumbo elegido se mantiene.

El segundo informe de la presidenta Claudia Sheinbaum pertenece, esencialmente, a esta segunda categoría.

Desde Palacio Nacional, convertido por unas horas en punto de observación del país, la Presidenta presentó un balance de decisiones, acciones y resultados, pero también —aunque no lo dijera en esos términos— una fotografía del estado que guarda la administración de la República. El documento político que emerge de esa exposición tiene una característica central: la continuidad.

No hubo en el mensaje anuncio de ruptura con el proyecto de la Cuarta Transformación, ni rectificación de sus prioridades fundamentales. Tampoco apareció una señal de fractura en el movimiento gobernante.

La administración se presentó como una etapa de consolidación: mantener las políticas sociales, ampliar infraestructura, fortalecer la capacidad recaudatoria, sostener la inversión pública y colocar la seguridad como uno de los principales indicadores de desempeño gubernamental.

Pero un informe presidencial no debe leerse únicamente por aquello que anuncia. También debe examinarse por aquello que las cifras permiten comprobar.

El primer dato significativo aparece en las finanzas públicas.

La recaudación de 2025 alcanzó 6.046 billones de pesos, 487 mil millones más que el año anterior, mientras el gobierno reportó ahorros por 200 mil millones en gasto corriente.

Es un dato relevante porque prácticamente todo programa gubernamental depende de una premisa elemental: que existan recursos suficientes para financiarlo.

La estabilidad financiera, por tanto, no constituye un capítulo más del informe. Es la condición que permite explicar los demás.

En economía, el gobierno colocó sobre la mesa inversión, crecimiento e inflación: 34 mil 968 millones de dólares de Inversión Extranjera Directa durante el primer semestre de 2026, crecimiento de 1.4 por ciento en el segundo trimestre e inflación de 3.3 por ciento.

No son cifras para proclamar una bonanza, pero tampoco describen un escenario de descomposición económica.

Aquí conviene evitar una tentación frecuente: convertir cualquier dato positivo en prueba de prosperidad general, o cualquier dato moderado en evidencia de fracaso.

Una economía puede mantener estabilidad y, al mismo tiempo, enfrentar el problema persistente del crecimiento insuficiente. Ambas cosas pueden ser ciertas simultáneamente. Ahora los sabemos.

En materia laboral, el incremento del salario mínimo ocupa un lugar central en la narrativa gubernamental. 

El contraste entre los 2 mil 800 pesos de 2019 y los 9 mil 282 pesos señalados para 2026 muestra una transformación considerable del ingreso mínimo.

La propuesta de avanzar hacia la jornada laboral de 40 horas y, ampliar la seguridad social a trabajadores de plataformas, coloca el siguiente debate en un terreno distinto: 

Ya no solamente cuánto gana el trabajador, sino bajo qué condiciones trabaja.

El segundo gran pilar es el bienestar.

El gobierno estima en un billón de pesos el gasto destinado a programas sociales y proyecta 42.8 millones de beneficiarios al cierre de 2026.

La novedad está en programas incorporados durante esta administración —la pensión para mujeres de 60 a 64 años, Salud Casa por Casa y la beca Rita Cetina—, mientras permanecen como columna vertebral los programas heredados de la administración anterior.

Aquí aparece con claridad la naturaleza continuista del gobierno: no se desmontó el edificio social de la administración anterior; sí se amplió y se añadieron nuevos espacios de oportunidad.

Salud y educación presentan, en cambio, un desafío distinto: no basta con demostrar que existen recursos o cobertura. El ciudadano termina juzgando estos sistemas por su experiencia cotidiana.

La distribución de medicamentos, los consultorios y la infraestructura son indicadores necesarios, pero no suficientes para establecer la calidad del servicio. Sin duda es un rubro que requiere logística y esfuerzo permanente y habrán de mejorar.

Ésa será una de las pruebas decisivas de la segunda mitad del sexenio.

En vivienda e infraestructura aparece quizá la dimensión más prolongada del proyecto. La meta de beneficiar a 12 millones de familias mediante la política habitacional y la continuación de carreteras, trenes y proyectos hidráulicos no corresponde al horizonte de una conferencia de prensa: corresponde al horizonte de una administración completa.

Los trenes representan, además, una decisión política de largo alcance. México-Querétaro, AIFA-Pachuca, Nuevo Laredo y la continuidad de proyectos como El Insurgente y el Tren Maya, expresan una concepción determinada del papel del Estado en la infraestructura nacional.

El punto que habrá que evaluar no será solamente cuántos kilómetros se construyeron o cuántos pasajeros utilizaron un tren. Será si esas inversiones producen conectividad, productividad y desarrollo regional suficientes para justificar su costo y garantizar su permanencia.

Pero si existe un capítulo en el que el informe busca establecer una medida contundente de desempeño, ése es el de seguridad.

El gobierno reportó una reducción de 86.9 homicidios dolosos diarios en septiembre de 2024 a 42.5 en julio de 2026: una disminución de 51 por ciento.

Añadió 63 mil detenidos, más de 32 mil armas aseguradas, 519 toneladas de droga y el desmantelamiento de 2 mil 700 laboratorios de metanfetamina.

Si esas cifras se sostienen en su metodología y en las series oficiales correspondientes, constituyen uno de los elementos más importantes para evaluar el buen desempeño de la administración.

Porque aquí no basta la retórica. La seguridad se mide en tendencia, territorio y permanencia.

El gobierno sostiene que su estrategia descansa sobre cuatro componentes: atención a las causas, Guardia Nacional, inteligencia y, coordinación.

El verdadero examen será determinar si la reducción observada puede convertirse en una tendencia estructural y si alcanza de manera homogénea a las regiones donde la violencia sigue siendo una experiencia cotidiana.

Finalmente aparece la dimensión que atraviesa todo el informe: la relación con Estados Unidos.

La Presidenta colocó como principio la defensa de la soberanía, la dignidad y la independencia, pero acompañó esa posición con una política de entendimiento.

No hay contradicción necesaria entre ambas cosas.

En una relación asimétrica, la soberanía también se ejerce mediante la capacidad de negociar.

El Plan México, los proyectos Olinia, Kutsari y Coatlicue, por su parte, muestran que la administración intenta trasladar la discusión desde la dependencia tecnológica hacia la construcción de capacidades nacionales.

Y entonces llegamos al dato político que quizá sintetiza mejor el informe: no hay divisiones en el movimiento.

Puede parecer una frase destinada a consumo interno. Pero no lo es.

Después de la transición presidencial, el principal riesgo para cualquier proyecto político hegemónico consiste en que la sucesión se convierta prematuramente en lucha por el poder.

El énfasis presidencial busca cerrar esa posibilidad y presentar al movimiento como una estructura todavía cohesionada alrededor del proyecto gubernamental.

Por eso el segundo informe no debe juzgarse como una pieza aislada. Su verdadero examen comienza ahora.

La administración deberá convertir sus cifras en resultados sostenibles; transformar inversión en productividad; convertir programas sociales en bienestar verificable; infraestructura en desarrollo; reducción delictiva en seguridad duradera y estabilidad económica en crecimiento suficiente.

Y hay dos pruebas inmediatas sobre la mesa: el paquete fiscal de 2027 y la gira presidencial por las 32 entidades federativas.

El informe, en suma, no presenta una ruptura. Presenta continuidad.

Pero gobernar no consiste únicamente en conservar una ruta. Consiste en demostrar, año tras año, que esa ruta conduce efectivamente al destino prometido.

El segundo informe dice que el gobierno mantiene el rumbo.

Ahora corresponde a la realidad como árbitro final—esa contumaz costumbre que tienen los hechos de no leer discursos— decir hasta dónde ha llegado.

jfa_ot@hotmail.com

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