Culiacán, Sinaloa, 25 de septiembre 2026.
Hace siete años, cuando se pensaba que eso estaba rebasado y que los golpes de Estado ya no funcionaban en América Latina (la plutocracia decía que ya no eran necesarios, pues con las trampas y el apoyo de Estados Unidos tenían) la ultraderecha boliviana, con las mismas credenciales que en el resto del hemisferio, derrocó al entonces presidente legítimo, Evo Morales, quien recibió asilo en México.
Lo que pasó en Bolivia fue la aplicación de un modelo de sobra conocido en Latinoamérica y sus implicaciones políticas de la mayor relevancia para la región:
Las oligarquías del subcontinente y el poder neocolonialista de Washington impusieron de nuevo sus condiciones.
Por aquellos días el delincuente Trump y, en Bolivia, Luis Fernando Camacho Vaca, el abogado patronal que encabezó el “movimiento”, con claro apoyo del ejército de su país, de Estados Unidos, la CIA, y la Organización de Estados Americanos (OEA), hicieron gran festejo.
EL PERFIL DESEADO POR TRUMP
No fue casualidad que Camacho era presidente de organismos empresariales, abiertamente proyanquis, además de integrante de la logia más influyente de su país.
La “receta” para el golpe de Estado (sólo un cinismo exacerbado lo podía negar) fue la misma del siglo pasado en los países donde las fuerzas democráticas accedían al poder: intervencionismo extranjero, abierto y maquillado; incitación y magnificación de problemas locales y cancelación de las alternativas para resolver la conflictiva interna.
LA ESTRATEGIA GOLPISTA
En efecto, no se fue lejos por la evidencia de que la CIA apoyó ese golpe, al igual que lo hicieron en ese mismo país en 1952, 1964, 1970 y 1980 y en varios países más, contando con la complicidad de traidores locales.
Sin alarmismos, fue un aviso para los gobiernos latinoamericanos que son etiquetados como de “izquierda”, entre los que se cuenta el de nuestro país.
La ultraderecha apoya el injerencismo yanqui descarado en Latinoamérica, el paso inicial de la “estrategia”, y se impone la obligación de defender plenamente, sin sombra de duda, a los gobiernos legítimos y el nuestro en primerísimo lugar.
EL VULGAR INJERENCISMO
Vino luego la agresión militar a Venezuela, el secuestro de Maduro, que ni de lejos habría sido posible sin la abierta complicidad de los traidores del chavismo; sigue la sistemática agresión contra Cuba, el apoyo indiscriminado de Washington a la derecha inconsciente en Bolivia, Honduras, Guatemala, Ecuador, Argentina, Perú, Chile y Brasil; además de la escalada injerencista contra México, que está en curso.
NO DEJARLO DE LADO
En octubre de 2019, me referí a lo expresado por el general Carlos Gaytán Ochoa, en presencia de los altos mandos castrenses de la Sedena, durante un desayuno encabezado por quien era el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), Luis Cresencio Sandoval González.
Gaytán, con el aval de Sandoval, aseguró que “en México la sociedad está polarizada políticamente porque la ideología dominante, que no mayoritaria, se basa en corrientes pretendidamente de izquierda que acumularon durante años gran resentimiento”.
La fragilidad de los contrapesos existentes agregó, “han permitido un fortalecimiento del Ejecutivo que propicia decisiones estratégicas que no han convencido a todos” y enseguida se refirió a lo más preocupante para la ciudadanía: “¿Quién aquí ignora que el alto mando enfrenta, desde lo institucional, a un grupo de halcones que podrían llevar a México al caos y a un verdadero Estado fallido?”.
Escribí entonces que “está cuesta arriba obviar tales expresiones, por más que se quiera”.
Y HUBO MÁS SEÑAS
Por esos días, el también general Mauricio Ávila, en un video convenientemente difundido, le dijo al entonces presidente Andrés Manuel López Obrador que, de acuerdo con el lema del Colegio Militar (“Por el honor de México”) la lealtad del Ejército está con el pueblo y el gobierno.
Pero enfatizó que “será el pueblo, el pueblo que trabaja, los empresarios amenazados por los criminales, quienes exijan al Ejército que intervenga como última opción”, de modo que “el Ejército intervendrá dentro de la Constitución conforme al Artículo veintinueve, cuando el pueblo le exija a usted y al Congreso que declaren el estado de excepción”.
En respuesta ante la evidente intención, AMLO se fajó y puso en orden a aquellos militares, pero ¿es dable marginar tales expresiones, cuando vemos como la ultraderecha internacional hace de las suyas?
EN EL TINTERO
–Sigue la ONU, y su Consejo de “seguridad”, haciendo el ridículo, evidentemente copada por la oligarquía internacional y sus gobiernos.
-No se ve la hora en que esta política que ves asuma con madurez su responsabilidad y se deje de tonterías y veleidades inanes.
(cano.1979@live.com).











