{"id":4398,"date":"2025-12-29T00:29:01","date_gmt":"2025-12-29T00:29:01","guid":{"rendered":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/?p=4398"},"modified":"2025-12-29T00:29:02","modified_gmt":"2025-12-29T00:29:02","slug":"feliz-navidad-voltaire-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/2025\/12\/29\/feliz-navidad-voltaire-2\/","title":{"rendered":"\u00a1Feliz Navidad, Voltaire!"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Culiac\u00e1n, Sinaloa, 24 de diciembre 2025.<\/strong> <\/p>\n\n\n\n<p>Cada a\u00f1o, y ya son muchos, a prop\u00f3sito de las fiestas decembrinas, le cuento al cr\u00edtico lector que, en opini\u00f3n de <strong>Francisco Mar\u00eda Arouet (Voltaire) <\/strong>la fecha para la celebraci\u00f3n de la Navidad ha variado a lo largo de la historia.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta mediados del siglo XVIII no hab\u00eda acuerdo sobre el d\u00eda y el mes precisos del natalicio de Jes\u00fas de Nazaret, as\u00ed fuera para efectos conmemorativos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>En Chipre, alrededor del siglo XIV, la fiesta de la Navidad se celebraba el 6 de noviembre, correspondiente al calendario actual, y los siridianos la festejaban el 11 o el 15 de enero.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>San Clemente de Alejandr\u00eda, citado por Voltaire, dice que hab\u00eda quienes ubicaban la fecha exacta del nacimiento de Jes\u00fas el d\u00eda 25 del mes que los egipcios llamaban \u201cPach\u00f3n\u201d (que ser\u00eda el 20 de mayo ahora) y otros el 24 o 25 del \u201cPharmuti\u201d (19 y 20 de abril).<\/p>\n\n\n\n<p>San Le\u00f3n, de acuerdo a la misma fuente, afirma que en Roma la fiesta se relacionaba con el regreso o nuevo renacimiento del Sol, m\u00e1s que con la natividad del nazareno.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>En Oriente y en Egipto, el festejo era el 6 de enero. En Occidente se instituy\u00f3 el 25 de diciembre y hasta ahora es la tradici\u00f3n vigente.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Voltaire, como se sabe, fue un cr\u00edtico ac\u00e9rrimo del clero de su tiempo (muri\u00f3 el 30 de mayo de 1778) y sus obras est\u00e1n marcadas por una fina iron\u00eda que, aunque por momentos despiadada, tiene rasgos de sonriente irreverencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Como sea, y bien o mal que les caiga Voltaire a librepensadores o papistas ac\u00e9rrimos, las versiones que consigna (en su Diccionario Filos\u00f3fico) resultan interesantes (por decir lo menos).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>DEL NI\u00d1O DIOS A SANTACL\u00d3S<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Dicho sea, no tan de paso, cuando quien esto escribe era ni\u00f1o (\u00bfalguna vez, de veras, se deja de ser ni\u00f1o?) <strong>la Nochebuena<\/strong> era el momento de la llegada del <strong>Ni\u00f1o Dios<\/strong> y las respectivas peticiones se dirig\u00edan a \u00e9l no a <strong>Santa Klaus<\/strong> (Santacl\u00f3s) como ahora se hace.<\/p>\n\n\n\n<p>Al acercarse la fecha, nuestros padres daban indispensable y muy comprensible asesor\u00eda recomendando qu\u00e9 pedir y qu\u00e9 no pedir, preocupados.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ya intu\u00edamos las razones, pero ello no quitaba la magia. Que tampoco la quite esta vez y que lo terrenal ceda ante la esperanza. Que sea \u00e9sta la que marque distancia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>DEL RECUERDO Y LA ESPERANZA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>De mis lecturas juveniles recuerdo dos relatos conmovedores. <\/p>\n\n\n\n<p>Uno: soldados enemigos se declaran ellos solos <strong>la paz en la v\u00edspera de la Navidad<\/strong> y, desobedeciendo a sus mandos, salen de sus trincheras, se encuentran en medio del campo de batalla y <strong>se abrazan como hermanos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El otro: en la Nochebuena, un cuerpo de ej\u00e9rcito que cuida su basti\u00f3n de guerra entona bellas canciones.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto, al otro lado de la l\u00ednea, alguien pide una pieza de su tierra y los enemigos se invitan y pasan la noche cantando, entre risas y abrazos.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Los desenlaces son lastimosos y en ambos casos, por designios que ellos no decidieron, al d\u00eda siguiente se vuelven a matar entre s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li><strong>DE ZORBA Y SCROOGE<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s ser\u00eda m\u00e1s pertinente referirme a <strong>la transformaci\u00f3n de Scrooge<\/strong>, el avaro perseguido por los fantasmas de la Navidad; el relato de Dickens que simboliza el triunfo del esp\u00edritu de la buena voluntad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero <strong>Scrooge resurge cada vez y por uno redimido brotan decenas<\/strong>. Y a la mente vienen los bancos y sus enga\u00f1os para que la avaricia pase por iniciativa empresarial.<\/p>\n\n\n\n<p>Mejor termino esto, como en a\u00f1os anteriores, recordando a <strong>Alexis Zorba, el griego de Niko Kazantzakis, cuando r\u00ede a tambor batiente<\/strong> al caerse los andamios de su empresa que no alcanz\u00f3 la inauguraci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los monjes ortodoxos corren desaforados ante la hecatombe y Zorba, filos\u00f3fico en el gran saber de su ignorancia relativa, de lo docto, dice: \u201ces el mejor derrumbe que hayamos visto\u201d y luego se pone a bailar.<\/p>\n\n\n\n<p>No se puede soslayar <strong>la m\u00fasica de Teodorakis<\/strong> y el vuelo de un hermano que tuve, Eduardo, que bailaba con gran maestr\u00eda y con un dejo de lejan\u00eda, absorto en la soledad de su arte no pedido.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y ADELANTE<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La Nochebuena, con toda la diversidad de sus alcances an\u00edmicos, sigue <strong>siendo el lugar de la conciliaci\u00f3n, la compartici\u00f3n de anhelos y de los deseos encomiables<\/strong>. Con ello creo, hasta el mismo Voltaire estar\u00eda de acuerdo as\u00ed esbozara una sonrisa irreverente.<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que la felicidad, destellos nada m\u00e1s, no se puede dar por decreto pero que tampoco, bajo circunstancia alguna, es dable cancelar la esperanza.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que, para todos, muy <strong>Feliz Navidad<\/strong> y que el barco de cada cual encuentre rumbo seguro, con tim\u00f3n firme y sereno. (cano.1979@live.com).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Chipre, alrededor del siglo XIV, la fiesta de la Navidad se celebraba el 6 de noviembre.<\/p>\n","protected":false},"author":19,"featured_media":4399,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"set","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[2,7],"tags":[],"class_list":["post-4398","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-nacional","category-opinion"],"aioseo_notices":[],"views":13,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4398","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/19"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4398"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4398\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4400,"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4398\/revisions\/4400"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4399"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4398"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4398"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4398"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}