{"id":3135,"date":"2024-08-14T05:40:41","date_gmt":"2024-08-14T05:40:41","guid":{"rendered":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/?p=3135"},"modified":"2024-08-14T05:40:42","modified_gmt":"2024-08-14T05:40:42","slug":"la-hospitalidad-del-mexicano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/2024\/08\/14\/la-hospitalidad-del-mexicano\/","title":{"rendered":"LA HOSPITALIDAD DEL MEXICANO"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que el camino a veces puede ser feo, y peligroso, tal vez te toque pasar por \u00e1reas donde hay deslices de tierra, o ver gente armada en la carretera. <\/p>\n\n\n\n<p>Uno pudiera sentir desconfianza, pero termina dominando la sed de aventura, o el cari\u00f1o por llegar a ver a la familia. <\/p>\n\n\n\n<p>De esta forma es como llegas a las rancher\u00edas, de tama\u00f1o peque\u00f1o, y rodeadas de naturaleza, donde el extra\u00f1o es visto con moment\u00e1nea reserva, pero tras una breve conversaci\u00f3n, se vuelve visible el para\u00edso de esta semana: <\/p>\n\n\n\n<p>La hospitalidad del mexicano.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera vez que viv\u00ed esto, fue camino a la sierra de Choix, atravesando zonas que constantemente eran se\u00f1aladas en las noticias por peligrosas, busc\u00e1bamos llegar a un lugar donde hay familia. <\/p>\n\n\n\n<p>Desde que se acab\u00f3 el pavimento hasta que llegamos al ranchito pasaron m\u00e1s de dos horas. <\/p>\n\n\n\n<p>Pasamos un par de arroyos que corr\u00edan con mucha agua, y ve\u00edamos hacia los voladeros cuando la vereda se tornaba angosta en las laderas de un cerro. Pero, finalmente llegamos. <\/p>\n\n\n\n<p>La primera casa de la rancher\u00eda era donde nos recib\u00edan c\u00e1lidamente: ten\u00eda paredes de adobe, vigas de madera y techo de palma seca, una terraza amplia y un delicioso olor a hornilla que nos hizo recordar que aun no hab\u00edamos comido. <\/p>\n\n\n\n<p>Atr\u00e1s de la casa, se ve\u00edan los corrales, de cerdos, gallinas y vacas. <\/p>\n\n\n\n<p>La familia se apur\u00f3 en atender a la abuela, sugiriendo que querr\u00eda descansar despu\u00e9s de un viaje de m\u00e1s de seis horas, pero la se\u00f1ora, rejuvenecida como cada vez que regresaba a aquel lugar, se neg\u00f3, deseosa de ir a visitar a los dem\u00e1s familiares que viv\u00edan all\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Los que no nos quedar\u00edamos en aquel hogar, volvimos a subir maletas, y empezamos el camino. <\/p>\n\n\n\n<p>En cada casa a la que llegamos, nos recib\u00edan con cari\u00f1o y calidez sin igual, aunque no me conocieran, bastaban unas palabras de mi abuela para que identificaran de quien soy hijo, y me trataran como a un amigo de toda la vida. <\/p>\n\n\n\n<p>A mis diecis\u00e9is a\u00f1os, no fue problema sentarme en la mesa de cada hogar por el que pasamos, donde nos serv\u00edan un plato de frijoles caldudos, queso oreado y tortillas de harina, que normalmente se iban preparando conforme las \u00edbamos pidiendo. <\/p>\n\n\n\n<p>Disfrut\u00e9 como nunca imagin\u00e9 de aquella comida, en un clima nublado donde llov\u00eda con fuerza y empezaba a refrescar. <\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed nos dio la tarde, y llegamos al lugar donde dormir\u00edamos, donde nos hab\u00edan reservado un cuarto amplio, de techo de madera, y el lujo de un ba\u00f1o integrado, recuerdo que nos llevaron cobijas a los cuatro primos que dormir\u00edamos ah\u00ed, ante lo cual, nos vimos at\u00f3nitos, considerando que era agosto. <\/p>\n\n\n\n<p>El familiar de por all\u00e1 nos sonri\u00f3, y nos record\u00f3 que est\u00e1bamos en la sierra, que refrescar\u00eda por la noche, y as\u00ed fue. <\/p>\n\n\n\n<p>Creo que a las seis de la ma\u00f1ana est\u00e1bamos despiertos todos los primos, dudosos si salir o no, por verg\u00fcenza a despertar a la familia. <\/p>\n\n\n\n<p>Pero nada de eso, ellos ya llevaban m\u00ednimo una hora despiertos, preparando uno de los mejores desayunos que he probado, con tortillas de harina reci\u00e9n hechas, huevo y machaca preparada ah\u00ed mismo. <\/p>\n\n\n\n<p>El agua para el caf\u00e9 herv\u00eda, y la mesa estaba lista para nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Hubo otras visitas a ese mismo lugar, donde parec\u00eda que no cab\u00edamos, pero siempre hab\u00eda un colch\u00f3n, una almohada o una cobija, para hacer tendido en la casa, y hacer un campito para todos. <\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo cuando llegaba familia a Culiac\u00e1n, y en los hogares de los que recib\u00edamos a los parientes, los primos mov\u00edamos sillones de la sala, mesa y sillas del comedor, para dejar espacio libre y tener d\u00f3nde dormir.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no solamente con la familia ocurre eso. <\/p>\n\n\n\n<p>Hace poco, sub\u00ed a la sierra despu\u00e9s de Tepuche, ya est\u00e1bamos a pocos kil\u00f3metros de Durango y no logr\u00e1bamos dar con el arroyo en el que quer\u00edamos pasar la tarde. <\/p>\n\n\n\n<p>En el camino vimos gente armada, camionetas blindadas y carros del Ej\u00e9rcito. <\/p>\n\n\n\n<p>Los que iban conmigo me ped\u00edan detenernos, e incluso regresarnos, pero despu\u00e9s de unos segundos, decid\u00ed que val\u00eda la pena darle la oportunidad a la gente del lugar, y arriesgarme.<\/p>\n\n\n\n<p>En aquel pueblito, llamado Junta de Bagrecitos, fren\u00e9 el carro en uno de los pocos lugares que encontr\u00e9, en medio de una carretera apretada y rodeada entre los cerros, camin\u00e9 un poco, y en una de las casas vi una familia grande, varios ni\u00f1os y ni\u00f1as en shorts y ropa ligera, dos mujeres y un hombre mayor. <\/p>\n\n\n\n<p>Me vieron con desconfianza, pero me apegu\u00e9 a las reglas de la hospitalidad, dando las buenas tardes y present\u00e1ndome, dici\u00e9ndoles que ven\u00eda con gente de Guadalajara que quer\u00edan conocer el lugar. <\/p>\n\n\n\n<p>Por unos segundos mantuvieron la postura de darme la respuesta limitada que se le da a un extra\u00f1o, incluso, uno de los ni\u00f1os me cuestion\u00f3, con el tono con el que lo hac\u00edan los narcos, que si yo iba a causar problemas por ah\u00ed. <\/p>\n\n\n\n<p>Pero fue otro muchacho, un poco m\u00e1s grande, que con voz relajada me pregunt\u00f3 si quer\u00eda ir al \u201ctim\u00f3n\u201d. <\/p>\n\n\n\n<p>Le dije que yo no sab\u00eda c\u00f3mo se llamaba el lugar de las fotos, pero que quer\u00eda llegar al arroyo donde uno se puede ba\u00f1ar, sonri\u00f3 y me dio las indicaciones que necesitaba.<\/p>\n\n\n\n<p>La familia se relaj\u00f3 un poco, ped\u00ed m\u00e1s detalles para no perderme, y me invitaron a pasar a la casa. <\/p>\n\n\n\n<p>Una de las mujeres tom\u00f3 m\u00e1s confianza, y me dijo que no me preocupara, que ellos ir\u00edan all\u00e1 en unos momentos m\u00e1s, y podr\u00edan ayudarnos a llegar. <\/p>\n\n\n\n<p>Cuando vieron que regres\u00e9 por el carro, me dijeron que pod\u00eda meterlo en su terreno, y me ofrecieron su ayuda si se necesitaba algo. <\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed fue como pasamos algunas horas en el cauce de aquel arroyo, conviviendo con la gente del lugar, en un panorama lleno de ni\u00f1os, que disfrutaban de sus vacaciones en aquel riachuelo, en un ambiente sano, alejado de los vicios de la ciudad. <\/p>\n\n\n\n<p>Entre las risas del momento, lograron animar a sus padres a meterse al agua, y hasta la abuela termin\u00f3 adentro.<\/p>\n\n\n\n<p>En otra ocasi\u00f3n, recorr\u00edamos la sierra costera de Michoac\u00e1n, una noche de d\u00eda de muertos. <\/p>\n\n\n\n<p>El panorama daba cierto miedo, era impresionante por desconocido y por bello: <\/p>\n\n\n\n<p>En algunas curvas nos ve\u00edamos atrapados entre las faldas de los cerros, atraves\u00e1bamos arroyos a los que no llegaba ning\u00fan rastro de luz, y despu\u00e9s de un par de curvas, alcanz\u00e1bamos alguna cima, observando la playa de noche, iluminada por una luna casi llena. <\/p>\n\n\n\n<p>Cada que ve\u00edamos alg\u00fan pueblo, nos deten\u00edamos, recorr\u00edamos sus calles empedradas, y busc\u00e1bamos el pante\u00f3n: <\/p>\n\n\n\n<p>Porque esa era la magia que quer\u00edamos probar. <\/p>\n\n\n\n<p>Como si fu\u00e9ramos miembros de la comunidad, nos recibieron en cada uno de esos lugares, nos ofrecieron pan dulce y bebida caliente, y nos permitieron pasear por los cementerios, mientras nos asombr\u00e1bamos de las decoraciones dignas de la festividad.<\/p>\n\n\n\n<p>Eran horas altas de la madrugada, cuando despu\u00e9s de varios altos, nos frenamos en una playa, conocida como La Llorona, donde solo hab\u00eda dos o tres caba\u00f1as de pescadores. <\/p>\n\n\n\n<p>Nos dieron la confianza de pasar, de montar la casa de campa\u00f1a y descansar ah\u00ed. <\/p>\n\n\n\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, cuando vieron que est\u00e1bamos despiertos, nos ofrecieron pescado, arroz y huevo para desayunar, prometi\u00e9ndonos el marisco m\u00e1s fresco de nuestras vidas, uno reci\u00e9n obtenido del mar.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo he vivido en la sierra de Cabo Corrientes, en Jalisco, pasando por algunos pueblitos m\u00e1gicos, donde fuimos atendidos como reyes: <\/p>\n\n\n\n<p>Nos ofrecieron caf\u00e9, pan artesanal, nos pasearon por algunas calles de El Tuito, visitamos la Iglesia previo a los festejos de Semana Santa, y nos dieron un recorrido por los principales lugares del pueblito. <\/p>\n\n\n\n<p>Una cantidad importante de europeos se sorprend\u00eda de ver que el mismo mexicano ignora la existencia de estos lugares.<\/p>\n\n\n\n<p>Es una magia muy de nuestro pa\u00eds, propia de la persona alejada de la prisa citadina, y de la desconfianza a los desconocidos. <\/p>\n\n\n\n<p>Experimentar este para\u00edso nos recuerda la vida de comunidad que se hac\u00eda en tiempos anteriores, donde todos se ayudaban, y al extra\u00f1o se le ofrec\u00eda ayuda. <\/p>\n\n\n\n<p>Y vale la pena detenernos a pensar, \u00bfpodemos hoy en d\u00eda crear esa experiencia para alguien m\u00e1s? <\/p>\n\n\n\n<p>Ojal\u00e1 la respuesta sea \u201cs\u00ed\u201d, porque es un para\u00edso que no debemos dejar morir.<\/p>\n\n\n\n<p>25.064323101873484, -107.20640792667812<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a9 Jos\u00e9 Mar\u00eda Rinc\u00f3n Burboa<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La primera vez que viv\u00ed esto, fue camino a la sierra de Choix, atravesando zonas peligrosas, seg\u00fan las 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