{"id":2423,"date":"2024-02-05T21:03:42","date_gmt":"2024-02-05T21:03:42","guid":{"rendered":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/?p=2423"},"modified":"2024-02-14T05:34:50","modified_gmt":"2024-02-14T05:34:50","slug":"el-tata","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/2024\/02\/05\/el-tata\/","title":{"rendered":"El TATA"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Sabas Figueroa Rend\u00f3n*1880+1967<\/p>\n\n\n\n<p>Fue nacido, criado y amamantado; muerto y sepultado el camposanto de un caser\u00edo enclavado a media sierra madre occidental; llamado Carrizalejo: tan bonito y tan alegre; c\u00f3mo todos los ranchitos que por d\u00e9cadas sobreviven ah\u00ed, colgados de los cerros, al bordo de los barrancos y de las quebradas; y que de repente se te aparecen, o te topas con ellos al llegar a las cumbres de los portezuelos, o en las vueltas, escondidos en los recodos del viejo camino real; ese que ya te lleva o que ya te trae de Surutato; el m\u00e1s encumbrado de los pueblos de aquella comarca; que pertenece al m\u00e1s bronco de los municipio del estado de Sinaloa.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese viejo alcahuete, socarr\u00f3n y taimado; \u00e9l mismo que un d\u00eda encaprichado en conseguir los favores de una mujer; se atrevi\u00f3 a: \u201cdar el coraz\u00f3n del toro barroso por un culo hermoso\u201d; ese viejo fue mi Tata, c\u00f3mo es costumbre llamar a los abuelos por ac\u00e1 y para qui\u00e9n yo fui &#8220;El Pepo&#8221; su nieto consentido; apodo que \u00e9l me impuso, como una puntada m\u00e1s, que sal\u00edan de sus ocurrencias. Porque as\u00ed era \u00e9l; en su interminable af\u00e1n por ser jocoso: motejaba a todo aquel que ten\u00eda la suerte o la desgracia de cruzarse en su camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue un gran conversador que habitualmente, comenzaba sus largas y detalladas &#8220;platiconas&#8221; o sus retah\u00edlas con la misma muletilla: \u201c<em>Mire ust\u00e9 mi amigo\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y bueno, mire mi ust\u00e9 mi amigo Don H\u00e9ctor:<\/p>\n\n\n\n<p>Cu\u00e1nto agradezco que me lo refieran mis amigos; su recuerdo es para m\u00ed un deleite, que s\u00f3lo podr\u00eda superarlo; la hipot\u00e9tica&nbsp;&nbsp; reencarnaci\u00f3n de su esp\u00edritu y su m\u00e1s improbable a\u00fan; regreso a \u00e9ste mismo sitio de la tierra, de donde se march\u00f3; hace ya m\u00e1s de medio siglo.<\/p>\n\n\n\n<p>De cualquier manera yo te agradezco que me lo recuerdes.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya me parece estar&nbsp; escuchando una charla entre ustedes dos:<\/p>\n\n\n\n<p>Porque lo menos que podr\u00eda resultar de ese encuentro surrealista; ser\u00eda un simp\u00e1tico intercambio entre dos grandes de la f\u00e1bula; entre dos grandes y eternos granujas de la imaginaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>Mire ust\u00e9 mi amigo Don H\u00e9tor; all\u00e1 por la ca\u00f1ada de &#8220;las cuichis&#8221;, desde onde se devisa muy clarito &#8220;El cerro de la lista blanca&#8221;; tan patente a la vista de cualquier lebr\u00f3n, que por sus meros tanates se anime a meterse en aquel bre\u00f1al, lo mismo que, p\u00e1 cualesquier huido; o atrabancado que se anime a treparse m\u00e1s p\u00e1 arribita; a sembrar la solfia o adormidera como algunos la llaman; siempre, siempre, levantar\u00e1 muy buena cosecha. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Porque all\u00ed ni los Guachos, ni \u201cla cordada\u201d ni naiden, por muy &#8220;Saurino&#8221; que pudiera ser, le encontrar\u00eda su sembrad\u00edo; porque mire ust\u00e9; primeramente:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En esos lugares, el bre\u00f1al es muy espeso, a luego, en segunda; se los puede comer la onza; \u00a1hay nanita! Que pel\u00f3n est\u00e1 el cochi p\u00e1 que se animen a perderse entre ese bre\u00f1al y aparte; f\u00edjese ust\u00e9 muy bien en lo que yo le digo<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cAll\u00ed nacen, y crecen abundantes el chiquelite y la cacaragua; y esas yerbas tiene un aroma igual a la goma de las amapolas; y as\u00ed ellas se pierden entre aquellos olores tan parecidos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Lo \u00fanico que si le aseguro Don: es que la solfia tiene su tiempecito en que florea y entonces s\u00ed, se divisa el manch\u00f3n rojo desde lejos y astas las cuichis y otros p\u00e1jaros saben d\u00f3nde est\u00e1 la yerbita.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y cuando llega al tiempo del floreo; entonces se pone tan bonita como un vergel y hasta entonces se sabe bien a bien; que tan buena se va poner la cosecha; y entre unos poquitos d\u00edas&nbsp; m\u00e1s, cuando las flores se caen: \u00a1es un encanto ver aquel \u201cboler\u00edo\u201d coronando las puntas de las matas. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Son miles y miles de bellotas tiernitas primero y, que van sazonando despu\u00e9s y poni\u00e9ndose jugosas; y cuando ya est\u00e1n listas p\u00e1 rayarlas: uno se alista con las &#8220;gurbias&#8221;, bien filosas, hirientes pero tan finitas, que apenas si rasguen la piel y capaz de sacar sangre sin dolor; porque as\u00ed de delicado es el trabajo de rayar las bellotas; se rayan en forma de espiral, o con giros en redondel. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Nom\u00e1s hay que esperar a que caliente el sol de la ma\u00f1ana y entonces le cae uno como si fuera una Avispa o como si fuera T\u00e1bano sobre el plant\u00edo; y a puro herir bellotas no vamos. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1R\u00e1pido una tras otra porque son much\u00edsimas, son miles y m\u00e1s miles. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero f\u00edjese ust\u00e9 muy bien; que cada d\u00eda, nom\u00e1s vamos a rayar un mil o dos mil bellotas cada ma\u00f1ana;&nbsp;pa darles tiempo de que lloren sus lagrimitas de cristal, y p\u00e1 que nos alcance el tiempo de juntarlas en la envoltura de celof\u00e1n de las cigarreras y llevarlas a guardar en lo m\u00e1s fresco del barranco: p\u00e1 que aguanten hechas melcocha y que no se vayan a derretir. Y as\u00ed la vamos juntando, hasta que la cosecha se termina.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Entonces; uno arranca las matas y las quema. Nom\u00e1s va dejando las que escogi\u00f3 p\u00e1 sacar semilla. Las que dej\u00f3 p\u00e1 que se maduren las bellotas, las m\u00e1s bonitas, esas, las misma que desde el prencipio escogi\u00f3 ust\u00e9 p\u00e1 semilla.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y a luego que ya termin\u00f3 ust\u00e9 de rayar; y de juntar su goma; con su buen guato, bien limpiecito de cualquier basurita: se da ust\u00e9 un tiempecito y se va caminando p\u00e1 all\u00e1 abajo, por entre el monte de bainoros, de choya y de g\u00fcinolos, mas p\u00e1 all\u00e1 del bre\u00f1al; hasta que se topa con los mezquitales y all\u00ed junta una poquita de goma de mezquite, de la m\u00e1s oscurita, de la m\u00e1s bonita. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y se la trae, porque esa le va servir mucho, por si acaso el enviado que viene por la \u201cnegra\u201d se llegara a tardar; y ust\u00e9 se mira en la necesidad de vender m\u00e1s barato; pues entonces le hecha un cortesito con la goma de mezquite p\u00e1 que le rinda un poquitos m\u00e1s; al cabo que no desmerece y al cocinarla se pierde en la merma que es de rigor y al final cuando pasa por el molino; se esponja igual de bonito; y el que es cocinero, aunque lo sepa; se aguanta porque ya est\u00e1 acostumbrado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero el enviado del \u201cse\u00f1or\u201d, ese mensajero ha de venir; y ya luego que apareci\u00f3, que vino por ella y ust\u00e9 se la entrego; y a&nbsp; luego que salieron bien las cuentas; que entre \u00e9l debe y \u00e9l haber todo ha quedado claro; y que \u00e9l, le hace entreg\u00f3 del dinerito que le trujo y que ust\u00e9 le entreg\u00f3 la \u201cmelcocha\u201d&#8230; as\u00ed que ya que le azot\u00f3 con la marmaja; entonces, ust\u00e9 ya sinti\u00e9ndose bien contento y florecido:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No le queda&nbsp; otra que ir a rendirle cuentas a su vieja.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y ya que &nbsp;hubieron pasado esos trances, tan necesario el uno como el otro, entonces s\u00ed; ust\u00e9 se junta con una Damajuana de mezcal y se devuelve pal cerro. Porque all\u00e1 lo est\u00e1n esperando las matitas que dej\u00f3 p\u00e1 sacar la semilla de la temporada que viene.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y mire Don H\u00e9tor: \u00e9chese otro pajuelazo p\u00e1 que no le d\u00e9 flojera seguir oyendo est\u00e1 platica le estoy haciendo; y ust\u00e9 sabr\u00e1, yo nom\u00e1s le cuento p\u00e1 que sepa, c\u00f3mo es que uno se gana la vida por aqu\u00ed.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y mire m\u00ed amigo; ust\u00e9 que es hombre letrado; aunque nunca se haya tallado el lomo en estos menesteres; de la siembra de la adormidera; yo estoy bien seguro que s\u00ed sabe de los placeres de la buena bebida y de la buena fumada.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Bueno pues, cuando est\u00e9 usted de vuelta all\u00e1 arriba en el cerro, ya sin ninguna prisa: y se meta de nuevo entre el bre\u00f1al y busque por d\u00f3nde est\u00e9 su parcelita y, luego lueguito se encuentra con lo que anda buscando: all\u00ed estar\u00e1n sus matitas ya casi secas y ust\u00e9 las acaricia y las enamora cant\u00e1ndoles muy despacito, \u201camapolaaa, &nbsp;lind\u00edsima Amapola\u201d\u2026 <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y las va arrancando de a una por una y se las lleva abrazadas hasta el Pajarete que le sirve de escondrijo y de jacal, y ah\u00ed mismo se pone y las espulga, y las desmenuza; y aparta las bellotas con las semillas y las guarda en su morral, y con las hojitas secas de las matitas, hace un picadillo bien finito con el machete y lo pone a orear hasta que&nbsp; lo tueste el sol; y all\u00ed por un ladito, donde ust\u00e9 se acomode mejor; mientras que el sol hace su trabajo: <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Ust\u00e9 como no queriendo la cosa; saca su bolsita de tabaco y unas hojitas de ma\u00edz tiernito y revuelve el tabaco con el picadillo de las hojas amapolas; y sin ning\u00fan apuro, con paciencia; va mojando la hoja de ma\u00edz tierno a leng\u00fcetazo limpio y se va forjando un buen carrufo de chutama; y cuando ya est\u00e9 listo; le da fuego con un tiz\u00f3n, y le pega el primero y el segundo golpe arrebiatados; y se aguanta la respiraci\u00f3n; as\u00ed, bien sostenida sin toser y mirando pal cielo; poco a poco va dejando escapar el aliento con mucha suavidad\u2026 <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y ya sin apuro se empuja un buen trago de mezcal. As\u00ed \u201cbati\u00e9ndose el parche\u201d ust\u00e9 solito; se lo va fumando todo, se lo va tomando sin prisa, as\u00ed nom\u00e1s porque s\u00ed, y ya bien envenenado, se queda quieto, mirando a lo lejos y \u2018\u2019echando los cartabones\u2019\u2019\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Un de repente, sin quererlo y sin poder evitarlo; se sale uno de sus propios pensamientos y poco a poco le va entrando un gusto por todo lo que sus ojos miran; y todo le parece tan bonito y \u00a1hay se\u00f1or! <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>La orejas le sirven de bocina a una m\u00fasica lenta, grave como de trombones, suaves, acompasados y esperanzadores; que lo hacen sentir a uno muchas ganas de bailar, y, se levanta, y sin soltar el porro, se pone a bailar haciendo un remolino largo y una tatahuila que termina dando brinquitos de pie juntillas y gritando con mucha alegr\u00eda. \u00a1\u201day ay ay ay, pero que bonita es esta pinche vida\u201d<\/em>!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ese viejo alcahuete, socarr\u00f3n y taimado; 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