{"id":2325,"date":"2024-01-16T00:57:56","date_gmt":"2024-01-16T00:57:56","guid":{"rendered":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/?p=2325"},"modified":"2024-01-16T00:57:57","modified_gmt":"2024-01-16T00:57:57","slug":"esas-vacaciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/2024\/01\/16\/esas-vacaciones\/","title":{"rendered":"ESAS VACACIONES"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Un para\u00edso memorable, que deja marca en quien lo vive. Le han dedicado pel\u00edculas y series, le han escrito libros y compuesto canciones, hasta se le invierten horas en las pl\u00e1ticas de quienes lo han vivido. <\/p>\n\n\n\n<p>Es una magia poderosa, su duraci\u00f3n puede variar, pero cuando se voltea hacia atr\u00e1s parece tan fugaz, tan lleno de emociones, tan feliz. <\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se acaba se siente un vac\u00edo dentro de uno, y desde ese preciso momento se empieza a pensar en volverlo a vivir. Hablo del para\u00edso de ESAS vacaciones. No de cualquier espacio sin trabajo o sin escuela. Me refiero a unas en espec\u00edfico, que resaltan sobre las dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Y pueden llegar en cualquier momento y en cualquier lugar. <\/p>\n\n\n\n<p>Cada quien vive esa vacaci\u00f3n de forma diferente. A la gran mayor\u00eda les toca entre la adolescencia y la juventud, a algunos en un pa\u00eds extranjero, a otros en la playa, hay quienes en la nieve o en una ciudad gigante. <\/p>\n\n\n\n<p>Ese momento especial suele iniciar como \u201cuno m\u00e1s\u201d, y termina convirti\u00e9ndose en una memoria que se guardar\u00e1 con cari\u00f1o para el resto de la vida. Por la gente que se conoce, por las an\u00e9cdotas que nacen, los errores que se cometen y las risas que inundan esos recuerdos.<\/p>\n\n\n\n<p>A m\u00ed me toc\u00f3 a los veinte a\u00f1os: la edad perfecta para ser adulto cuando quer\u00eda ser adulto y para ser joven cuando quer\u00eda ser joven. En una playa a una distancia lo suficientemente prudente de Vallarta para disfrutar de la naturaleza, pero tambi\u00e9n cerca para pasearse por el pueblo una que otra tarde.&nbsp; Con una mezcla de conocidos a los que amo demasiado y extra\u00f1os que embonaron a la perfecci\u00f3n en la din\u00e1mica que nosotros ten\u00edamos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y primero hablar\u00e9 justamente del lugar. Yo estaba acostumbrado a las playas sinaloenses donde kil\u00f3metros de valle se diluyen en arena para terminar uni\u00e9ndose con el agua del mar. Pero en esta zona, todo era diferente, despu\u00e9s del pueblo pasamos a una carretera de dos carriles, por curvas a las faldas de los cerros, donde el pie de las monta\u00f1as eran las playas: la vegetaci\u00f3n era verde, y se ve\u00eda mucha vida entre esa jungla que nos rodeaba. <\/p>\n\n\n\n<p>Y en cuanto a Vallarta: ver un pueblo \u201ctipo m\u00e1gico\u201d que diera a la playa fue algo que tambi\u00e9n me encant\u00f3. Esperaba ver otro Mazatl\u00e1n, con malec\u00f3n amplio, con edificios enormes y calles amplias, pero la belleza del pueblo conservado en sus edificaciones, en sus calles empedradas, en su plaza, su mercado y su iglesia, fueron detalles que sumaron a\u00fan m\u00e1s a la experiencia. Pasearnos por ah\u00ed de noche, disfrutar con unos los mojitos y con otros las malteadas, que un supuesto mago bolseara a uno de los que \u00edbamos y los fuegos artificiales disparados desde un barco solo hicieron m\u00e1s inolvidable el lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>Y el lugar al que llegamos era a\u00fan m\u00e1s m\u00e1gico. Fresco hasta en verano, cubierto a la sombra de un cerro, y con un amplio balc\u00f3n propio del segundo piso, que permit\u00eda dominar la vista sobre la playa, la alberca, para ser escenario de atardeceres legendarios. Un espacio donde el tiempo se detiene, donde no hay prisas y todo transcurre en calma.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfLo m\u00e1s curioso?: todos los d\u00edas eran largos. Dorm\u00eda cinco o cuatro horas y el cuerpo no me ped\u00eda m\u00e1s sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde temprano, el reloj interno me expulsaba de la cama. A veces me ganaban, y a las siete de la ma\u00f1ana el olor a caf\u00e9 ya inundaba el departamento, en ocasiones a m\u00ed me tocaba prepararlo. <\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de servir la taza y contaminarla con una cucharadita de az\u00facar, terminaba de despertarme mientras contemplaba el mar tranquilo: todav\u00eda en tonos grises porque el sol aun no brillaba con intensidad. <\/p>\n\n\n\n<p>Pasaban grupos de personas haciendo kayak, aprovechando de la calma matutina, a esa hora se ve\u00edan delfines cerca de la costa, y en la arena tambi\u00e9n hab\u00eda uno que otro turista corriendo. Cerca de la alberca, no faltaba el viejito estirando como parte de sus ejercicios ma\u00f1aneros. <\/p>\n\n\n\n<p>Mi compa\u00f1\u00eda en esos primeros momentos del d\u00eda era el abuelo, que no es mi abuelo. Un hombre lleno de sabidur\u00eda, conocedor de muchas historias de nuestro pa\u00eds, y de chistes que ayudaban a despabilarse los pocos rastros de sue\u00f1o que quedaban, incluyendo el del yate \u201cBlack Carnation\u201d. <\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, \u00edbamos pasando lista de quienes se iban despertando, hasta que, reunida la mayor\u00eda, llegaba el momento del desayuno.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ese primer alimento del d\u00eda, la voz se corr\u00eda pronto entre nosotros. <\/p>\n\n\n\n<p>En minutos sab\u00edamos qu\u00e9 se iba a desayunar en cada departamento, propios y ajenos \u00edbamos y ven\u00edamos de uno a otro para terminar comiendo donde hubiera de lo que m\u00e1s nos gustara. Y con eso cumplido eso, empez\u00e1bamos el d\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p>Algunos se iban al mar o a la alberca, a pesar de que fuera la hora en que el sol est\u00e1 en su m\u00e1ximo esplendor. Yo sol\u00eda bajar una hora, m\u00e1ximos dos, y justo en el momento en que hac\u00eda m\u00e1s calor, prefer\u00eda cubrirme bajo una sombrilla, o regresarme al balc\u00f3n para leer un libro: <\/p>\n\n\n\n<p>Cada vez que he vuelto a este para\u00edso, leo un libro por semana, aprovechando la pausa en el tiempo, la falta de preocupaciones y sobre todo la disponibilidad de la mente a explorar nuevas alternativas.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, nos daba el mediod\u00eda, y con ello, el permiso de abrir la primera lata de cerveza, sonido met\u00e1lico y burbujeante que se repetir\u00eda constantemente hasta la tarde. <\/p>\n\n\n\n<p>En una ocasi\u00f3n muy especial, pasamos toda la ma\u00f1ana en un yate, conociendo las playas cercanas a la zona. Pero normalmente, aprovechamos para ir a los arroyos cercanos y hacer senderismo o lanzarnos por la tirolesa, tambi\u00e9n aprovechamos para ba\u00f1arnos bajo el agua helada de las cascadas.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed nos terminaba dando la hora de la comida, y a m\u00ed, el sinaloense, me tocaba la preparaci\u00f3n de los mariscos. Y con gusto me tocaba dar clases para hacer aguachile, el ceviche de pescado o el de camar\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>Se destapaban m\u00e1s cervezas en el proceso, y todos termin\u00e1bamos haciendo una cadena donde albure\u00e1bamos a los que pelaban el camar\u00f3n, llor\u00e1bamos con los que picaban la cebolla \u201cfinamente\u201d y otros exprim\u00edan los limones. <\/p>\n\n\n\n<p>A m\u00ed me tocaba ir integr\u00e1ndolo todo. Tambi\u00e9n llevamos asador para gozar del sabor de la res. <\/p>\n\n\n\n<p>Al igual que en la ma\u00f1ana, se corr\u00eda la voz de qu\u00e9 hab\u00eda de comer en cada departamento, y cada quien terminaba sentado donde hubiera lo mejor.\u00a0 El \u00faltimo d\u00eda, la comida siempre ten\u00eda que ser en la palapa, justo a la orilla del mar. <\/p>\n\n\n\n<p>Me gusta presumir que mis mariscos siempre se llevaban el reconocimiento, y que era lo primero en acabarse. Una vez alimentados, sal\u00eda el postre y el vino entraba de cambio por la cerveza.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese momento del d\u00eda en que el sol empieza a decaer, y que el mar parece un espejo que refleja directamente el brillo del cielo, a veces nos retir\u00e1bamos para una siesta, en la comodidad de la cama o en un camastro en la playa.\u00a0 <\/p>\n\n\n\n<p>Si hab\u00eda juego, y para refugiarnos del calor en un departamento, sol\u00edamos disfrutar de partidos de f\u00fatbol, o busc\u00e1bamos alguna pel\u00edcula. Y despu\u00e9s de eso, con un clima m\u00e1s fresco, volv\u00edamos a las andadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Jug\u00e1bamos f\u00fatbol o volley en los jardines. Volv\u00edamos a meternos al mar, y \u201cesnorquele\u00e1bamos\u201d viendo las criaturas y el paisaje que reinaba por debajo del agua. Conviv\u00edamos por edades, cada quien en su grupito. Los ni\u00f1os chapoteaban en la alberca, con sus j\u00f3venes padres platicando en mesas cercanas a ellos. <\/p>\n\n\n\n<p>Los adolescentes aprovechaban para una que otra travesura: el robo de alguna botella de licor, o el escape de parejitas a otras playas o hasta grafitear alguna propiedad privada. <\/p>\n\n\n\n<p>Los pap\u00e1s de m\u00e1s experiencias se instalaban en las mesas con vista al mar, y los m\u00e1s sabios aprovechaban que calor era tenue para bajar a disfrutar de la playa. <\/p>\n\n\n\n<p>La c\u00faspide del d\u00eda llegaba al ver que el sol se escond\u00eda para descansar, de disfrutar de esos \u00faltimos rayos de la luz del d\u00eda que pintaban la b\u00f3veda celeste de morados y rosados que ced\u00edan su lugar a azules oscuros, casi tan relajantes como el sonido de las olas que se deslizan entre la arena de una playa ya vac\u00eda: a veces con nubes de lluvia en el horizonte, y rel\u00e1mpagos que engalanaban la escena, y en otras ocasiones, con cielos limpios que permit\u00edan ver el \u00faltimo mil\u00edmetro de sol que se escond\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegaba as\u00ed un segundo cl\u00edmax en la magia del d\u00eda. Con un cuerpo cansado. Con por la actividad del d\u00eda, pero relajado por las bebidas, una mente tranquila por la falta de preocupaciones, y un est\u00f3mago feliz por las comidas. <\/p>\n\n\n\n<p>El ocaso se disfrutaba desde la alberca, desde las mesas en el jard\u00edn y desde la playa, cada d\u00eda pod\u00eda explorarse un nuevo \u00e1ngulo de ese espect\u00e1culo de la naturaleza, junto con el cu\u00e1l ve\u00edamos pel\u00edcanos volver a sus hogares, turistas retirarse de las playas, barcos y jet ski regresando a los puertos, y una serenidad sin igual.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando este gozo se nos hizo rutina, aprovechamos las \u00faltimas horas de la tarde y primeras de la noche, para pasearnos por el malec\u00f3n del pueblo, viendo las artesan\u00edas, deteni\u00e9ndonos en los bares y en lo restaurantes. <\/p>\n\n\n\n<p>Y a esa hora me llegaba una exigencia por parte de los citadinos, me tocaba hacer nacer un para\u00edso del que ya habl\u00e9: la fogata. <\/p>\n\n\n\n<p>Me tocaba coordinar a los m\u00e1s j\u00f3venes para ir por ramas a la jungla que nos rodeaba, y los ni\u00f1os se encargaban de que sus padres les compraran malvaviscos y galletas.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, las primeras horas de la noche se iban en la fogata, o en disfrutar de ver las estrellas del cielo difuminarse entre las luces de barcos que se encienden y apagan en el horizonte oscuro. Quien tuviera hambre se recalentaba algo de la comida, y poco a poco, seg\u00fan la edad de cada quien, iban volviendo a sus respectivos departamentos. <\/p>\n\n\n\n<p>A veces nos qued\u00e1bamos cerca de la playa, platicando hasta la madrugada. En otras ocasiones nos qued\u00e1bamos en el balc\u00f3n, disfrutando de un buen mezcal. Y cuando todos estaban dormidos, mis aud\u00edfonos y su m\u00fasica me ayudaban a escribir hasta que el sue\u00f1o me venciera.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Y de esta forma corr\u00eda el ciclo de los d\u00edas. Esta historia se reiniciaba cada ma\u00f1ana, pero hab\u00eda otras que iban evolucionando en cada salida del sol, y era aquello lo que le terminaba de dar sabor a la experiencia. <\/p>\n\n\n\n<p>Amigos de otras ciudades que iban y ven\u00edan cada d\u00eda, a quienes se esperaban con ansias desde d\u00edas antes, o de quienes nos desped\u00edamos con promesas de vernos el pr\u00f3ximo a\u00f1o. <\/p>\n\n\n\n<p>Un primer amor de dos j\u00f3venes que fueron descubiertos mientras caminaba por la playa en la noche. Una enfermedad debido a los nervios de una nueva experiencia en otra ciudad. <\/p>\n\n\n\n<p>Preocupaciones por situaciones familiares que por fin se arreglaban. Burlas, risas, chistes y mucha carrilla. Momentos de reflexi\u00f3n y de iluminaci\u00f3n.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Es un para\u00edso sin igual. Un para\u00edso sin caducidad. Un para\u00edso donde siempre seremos felices.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a9 Jos\u00e9 Mar\u00eda Rinc\u00f3n Burboa<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando se acaba se siente un vac\u00edo dentro de uno, y desde ese preciso momento se empieza a pensar en volverlo a vivir. 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