{"id":2259,"date":"2024-01-07T18:58:28","date_gmt":"2024-01-07T18:58:28","guid":{"rendered":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/?p=2259"},"modified":"2024-01-07T19:00:21","modified_gmt":"2024-01-07T19:00:21","slug":"la-casa-de-la-abuela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/2024\/01\/07\/la-casa-de-la-abuela\/","title":{"rendered":"La casa de la abuela"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Recorrer los espacios pasados en la mente es un privilegio. Solo los seres humanos, creo, podemos revivirlos y plasmarlos con palabras, lenguaje,&nbsp; y compartirlo con otros, manifestando el recuerdo como una reconstrucci\u00f3n a partir de la perspectiva de cada sujeto.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, el recuerdo de mi madre sobre el lugar de mi nacimiento, me hace volver la mirada hacia aquella pared que qued\u00f3 en pie a la entrada de la casa de mi abuela paterna, un fragmento de pared de escasos dos metros de ancho con una peque\u00f1a ventana, quiz\u00e1 de cuarenta por cincuenta cent\u00edmetros. <\/p>\n\n\n\n<p>Dice mi madre que ah\u00ed, junto a esa ventana me pari\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy frente a ella comprendo que quiz\u00e1 mi abuela por eso no permiti\u00f3 que la derrumbaran en su totalidad. Quiz\u00e1 por eso siempre volv\u00ed y me recargu\u00e9 sobre esa pared, me gustaba asomarme y mirar desde ah\u00ed el cuarto de las mujeres de la casa, para ver si estaban, era la \u00fanica ventana que ten\u00eda el cuarto, casi siempre cerrada. <\/p>\n\n\n\n<p>Al lado izquierdo se encontraba un pasillo y m\u00e1s a la izquierda la casita de la bisabuela Virginia, la G\u00fcera Virginia, algunos dec\u00edan que era bruja, yo no lo creo, m\u00e1s bien era una mujer vieja, llena de sabidur\u00eda y en constante contacto con la naturaleza, siempre descalza, con grandes enaguas, cargando un costal sobre sus hombros o una carga de le\u00f1a sobre su cabeza, se la pasaba en el monte buscando el sustento diario, recogiendo granos y frutos, era recolectora. <\/p>\n\n\n\n<p>Me recuerda a aquellas tribus del hombre en sus or\u00edgenes, cuando las mujeres se dedicaban a la recolecci\u00f3n de granos y frutos mientras&nbsp; los hombres se dedicaban a la caza.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mi mente evoca por un momento, aquellos momento en que entraba por ese pasillo. Mi primer instinto era gritar: \u00a1Nanaaaa! Oi, la Dianita, dec\u00eda mi abuela. Oi, ah\u00ed viene la ni\u00f1a, escuchaba que le dec\u00eda a la t\u00eda Rosita, que nunca se cas\u00f3. Me acercaba a ella y lo primero que preguntaba era: <\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfYa comiste? Hasta mi nariz llega en este momento, el aroma de los fritjoles guisados con manteca Inca. Luego, me iba a la enramada que estaba junto a la cocina. Una gran enramada con hoja de parra de uva, esp\u00e1rrago y otras planta m\u00e1s que ofrec\u00edan una sombra fresca. <\/p>\n\n\n\n<p>Me sub\u00eda a la hamaca y me mec\u00eda por un buen rato, luego hac\u00eda un recorrido por todo el inmenso patio sembrado de rosales de todos colores: blancos, rojos, amarillos, rosas intensos, rosas suave, rosa de castilla, nerones, rosales con flores amarillas que parec\u00edan llamaradas, margaritas, margaritones y unos \u00e1rboles grand\u00edsimos de mangos. <\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda matas de lichis, longanas y cuadrados. Por todo el pueblo hab\u00eda \u00e1rboles de mangos. Se dice que Eldorado, mi pueblo, ten\u00eda la variedad m\u00e1s grande de mangos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La casa de mi abuela era como un bosque o un para\u00edso para m\u00ed. Tambi\u00e9n hab\u00eda en ella un pozo de agua, o noria como le llam\u00e1bamos, donde se cay\u00f3 Lupita, una de las hijas m\u00e1s peque\u00f1a de mi abuela.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Al atardecer, escuchaba la moto Islo detenerse en la entrada del callejoncito, era mi tata Manuel, mi abuelo, hombre silencioso, alto, delgado, moreno de ojos color miel, era f\u00e1cil identificar su paso, rengeaba por un accidente que tuvo cuando joven, se cay\u00f3 de un caballo. <\/p>\n\n\n\n<p>Mi abuelo sab\u00eda contar muy bien, llevaba las cuentas de las racas que sal\u00edan cargadas de cada parcela sembrada de ca\u00f1a hacia el ingenio azucarero de Eldorado. <\/p>\n\n\n\n<p>Mi abuelo ten\u00eda un silencio en el alma que no compart\u00eda con nadie. Mi abuela, mujer visionaria, busc\u00f3 y exigi\u00f3 a sus hijos estudiar como \u00fanica esperanza para salir adelante.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, existe una construcci\u00f3n con grandes ventanales y pisos de m\u00e1rmol,&nbsp; de todo aquello, s\u00f3lo el viejo muro con la peque\u00f1a ventana&nbsp; se conserva como un vestigio, o como un recordatorio de aquel&nbsp; ayer. <\/p>\n\n\n\n<p>Y yo, me sigo deteniendo en el muro con esa peque\u00f1a ventana, junto a la cual nac\u00ed.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por ello, el recuerdo de mi madre sobre el lugar de mi nacimiento, me hace volver la mirada hacia aquella 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