{"id":1025,"date":"2023-07-26T21:27:01","date_gmt":"2023-07-26T21:27:01","guid":{"rendered":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/?p=1025"},"modified":"2023-07-26T21:30:53","modified_gmt":"2023-07-26T21:30:53","slug":"lecturas-para-un-momento-quinta-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/2023\/07\/26\/lecturas-para-un-momento-quinta-parte\/","title":{"rendered":"Lecturas para un momento. Quinta parte."},"content":{"rendered":"\n<p>La tarde es h\u00fameda y calurosa, el sol est\u00e1 por finalizar su descenso, dentro de pocos minutos se te\u00f1ir\u00e1n de rojo las aguas del oc\u00e9ano; y en sus insondables profundidades, volver\u00e1 el eterno y misterioso juego de luz y sombras; que no tiene perdedor. Y Don Pepo; de acuerdo con lo convenido: aguarda sentado en el patio de la solariega casona de su nueva clienta. Tiene frente a \u00e9l, una brazada de le\u00f1a seca, que previamente ha rociada con combustible; cubre su cabeza con un casquete de cart\u00f3n y su rostro con un grueso mosquitero; un gran escapulario cuelga ostensiblemente de su cuello; y a poca distancia, recargados en el tronco de un viejo limonero: un par de le\u00f1os formando la cruz, a cuyo pie; ha encendido una veladora de cera roja. <\/p>\n\n\n\n<p>Don Pepo\u2026 se siente un caballero templario velando sus armas: pero m\u00e1s bien parece un rid\u00edculo monje exorcista; que apercibido de los riesgos que corre; se ha preparado debidamente para dar principio a la extra\u00f1a aventura que lo ha tra\u00eddo aqu\u00ed; en pocos minutos podr\u00e1 comprobar con sus propios ojos, la aterradora invasi\u00f3n de los diab\u00f3licos y sedientos murci\u00e9lagos: seg\u00fan afirma la imprudente sacerdotisa, quien; por experimentar nuevas emociones, se atrevi\u00f3 a celebrar una misa negra, en el t\u00e9trico sal\u00f3n de meditaciones de su difunto padre: desatando; con ello, una poderosa corriente sat\u00e1nica, que al no poder controlar; la ha puesto al borde de la locura y de la perdici\u00f3n\u2026&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ella, Zulema, la imprudente sacerdotisa, al no encontrar amparo en la&nbsp;imagen de la Guadalupana que vela el corredor; ha corrido a refugiarse en la cocina, donde se ha atrincherado con el pretexto de preparar el caf\u00e9. Sus ojos saltones est\u00e1n&nbsp;m\u00e1s expresivos de lo normal, siente un vaci\u00f3 en la boca del est\u00f3mago y en la cabeza algo as\u00ed como una vaguedad; sus piernas parecen estar al l\u00edmite del esfuerzo. Han sido tantas noches que ha tenido que resistir a solas el perturbador espect\u00e1culo que est\u00e1 por repetirse; y est\u00e1 debilitada. <\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de la temeraria presencia de Don Pepo, que \u00e9sta noche probar\u00e1 su valor; ella est\u00e1 asustada y expectante, ante lo que ser\u00e1 una especie de revancha o contra ataque, que en vez de nivelar el marcador y poner la balanza a su favor; podr\u00eda convertirse en un desastre; todo depende de que: \u201cel caballero templario\u201d, que en el patio vela sus armas; resista sin flaquear\u2026 porque de ocurrir lo contrario; si resulta un fiasco como su guardi\u00e1n y vengador: <\/p>\n\n\n\n<p>Saldr\u00e1 huyendo asustado con los pelos de punta\u2026 entonces, ambos tendr\u00e1n que abandonar la propiedad, derrotados por el imperio de las fuerzas&nbsp;&nbsp;del mal, que se adue\u00f1aran de su casa, y correr\u00e1 la misma suerte que otras casas abandonadas, que hoy est\u00e1n convertidas en espantosas ruinas del viejo Culiac\u00e1n: donde seg\u00fan reza el imaginario popular; \u201c<em>cuentan las viejas leyendas: que se apoderan de ellas los demonios, que por las noches salen de sus siniestras catacumbas y que a trav\u00e9s de t\u00faneles y pasadizos, vienen a ense\u00f1orearse en las casa abandonas, para celebrar sus aquelarres\u201d\u2026&nbsp;<\/em>mientras Culiac\u00e1n:&nbsp;<em>\u201cuna ciudad tras las rejas\u201d,<\/em>&nbsp;duerme crey\u00e9ndose a salvo de todo mal\u2026<em>&nbsp;<\/em>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Muy pronto empieza a sentirse un f\u00e9tido olor a almizcle, seguido de un&nbsp;&nbsp;murmullo que va creciendo hasta convertirse en un bufido de aire batido; agitado por alas, mezclado con chillidos, con chirridos; no est\u00e1 claro de donde provienen, pero ya se acerca y va se apoderando del ambiente, y un segundo despu\u00e9s todo el patio est\u00e1 invadido por una nube de negra de espeluznantes bichos alados, que vuelan en todas direcciones, roci\u00e1ndolo todo con sus orines fluorescentes, se convierten en amos y se\u00f1ores del espacio y sin dar tiempo a pensar: se escuchan sus escalofriantes aullidos, en un concierto discordante con los aterradores gru\u00f1idos y maullidos de gatos, y no tardan en estar a la vista del perturbado Don Pepo: una legi\u00f3n de felinos de todos los colores y tama\u00f1os, llevando cada uno en el hocico; a un murci\u00e9lago chillando y aleteando, herido de muerte: <\/p>\n\n\n\n<p>Pepo, grita aterrado y lanza manotazos en lo oscuro, sin atinar a sacudirse los murci\u00e9lagos que vuelan como r\u00e1fagas sobre su cabeza, desesperado intenta correr, se tropieza y cae abrazando la cruz que est\u00e1 en el limonero y derriba con los pies la veladora, que chisporrotea y alcanza el mont\u00f3n de le\u00f1a impregnada y al instante se produce un violento incendio, que ilumina todo el patio con sus llamaradas, alcanzan el contenedor de gasolina, se escucha un estallido, tras el cual se escucha la voz de Don Pepo que enarbolando la cruz y al borde de la locura; reza a gritos con voz mesi\u00e1nica y demencial: \u00a1\u00a1Al\u00e9jate Satan\u00e1s!! <\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1\u00a1En nombre dios yo te reconvengo!! La luz de fuego ha roto las tinieblas de la noche y ha herido la sensibilidad de los murci\u00e9lagos, que diezmados por los gatos; desaparecen con la misma rapidez con que llegaron&#8230; vuelve la calma y en la quietud, en medio del patio: Don Pepo se carcajea y vuelto loco; lanza un destemplado grito de victoria; y cae al suelo de rodillas llorando y agradeciendo a dios su salvaci\u00f3n: las llamas se van apagando, y Don Pepo se convulsiona en medio de un ataque de una risa con llanto y vuelve a lanzar un grito descomunal, incr\u00e9dulo reclama: \u00a1\u00bfvictoria?! \u00a1\u00a1Victoria!!&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Zulema que tambi\u00e9n ha superado el ataque de histeria: llora,&nbsp; sale de su escondite, y va al encuentro del infeliz Don Pepo, se topan a medio patio y se abrazan llorando, ilustrando un cuadro dantesco y formidable\u2026 el fuego se ha extinguido casi por completo, no se escuchan ning\u00fan ruido, ha vuelto la calma, y ellos est\u00e1n solos envueltos en la noche\u2026 caminan abrazados, ella muda y p\u00e1lida lo conduce al interior de la casa\u2026 y ya el interior, lo sienta en el chesl\u00f3n, va a la cocina y regresa trayendo un botella de licor de caf\u00e9 y gentilmente lo empina directamente en la boca de Don Pepo que tiembla derramando el licor, ella enternecida le dice: &#8211; ya pas\u00f3, ya pas\u00f3, tranquilo, tranquilo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Pepo se recuesta y su noble barriga se desparrama\u2026 ella le retira poco a poco el velo mosquitero y la escafandra de cart\u00f3n: Pepo abatido sonr\u00ede con un dejo de lastima por s\u00ed&nbsp;&nbsp;mismo: &#8211; No estoy herido, nada m\u00e1s asustado y creo que necesito ir al ba\u00f1o\u2026 despu\u00e9s de media hora, sale del ba\u00f1o con una toalla de taparrabo, parece apenado. Ella sale del cuarto de lavado y va a su encuentro dici\u00e9ndole: &#8211; Toda tu ropa ya est\u00e1 en la lavadora y tus zapatos sobre el lavadero sec\u00e1ndose. \u00c9l est\u00e1 apinchado y se siente fuera de lugar, pasado el trago amargo, solo desea marcharse, pero eso no es posible, tendr\u00e1 que esperar por su ropa y sus zapatos. Ella viene de nuevo a \u00e9l y lo abraza sin importarle que se encuentre casi en pelotas y\u2026 pasan las horas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ambos han vuelto cruelmente a la realidad, ya amanece y el regreso de los murci\u00e9lagos es inminente antes del amanecer: sale apresurado a recoger su ropa y sus zapatos que ya est\u00e1n secos.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Se detiene a contemplar el campo de batalla, recorre con la vista el patio y valora el desorden en que ha quedado, percibe el olor a quemado: recapitula mentalmente la batalla nocturna; y temeroso vuelve al interior a vestirse, mientras Zulema cierra con pasador la puerta que da al patio y ambos se aprestan a vivir la segunda parte del perturbador episodio\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>Han tomado caf\u00e9&nbsp;&nbsp;y sin dejar de mirarse asustados; se estremecen al escuchar las cuatro campanadas del reloj de los Rotarios del Parque Revoluci\u00f3n: son las cuatro de la ma\u00f1ana, el viento arranca un suave lamento de los \u00e1rboles del patio y ya la claridad del alba permite ver el exterior; de repente vuelve a percibirse la fetidez del almizcle seguido del murmullo y del aleteo rompiendo el viento; una bandada negra, aterriza c\u00f3mo r\u00e1faga sobre la azotea y al instante se escucha los escalofriantes chillidos, que se mezclan con los maullidos y los gru\u00f1idos de los gatos; la batalla parece no tener fin: de la azotea empiezan a bajar&nbsp;&nbsp;los felinos trayendo cada uno en el hocico, a su presa todav\u00eda aleteando y muriendo, precedidos de un f\u00e9tido hedor, que entre almizcle y azufre, que ofenden a las neuronas olfativas de los aterrados sobrevivientes de aquella indescriptible noche de terror\u2026&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pepo no tiene apetito, ya son las siete de la ma\u00f1ana y \u00e9l no sabe qu\u00e9 dir\u00e1 en su casa para justificar su ausencia, temeroso sale a la&nbsp; calle y camina haciendo el paso contra el viento por la avenida Rub\u00ed: el esfuerzo, el estr\u00e9s, el licor y la locura, lo hacen trastabillar\u2026 al cruzar el bulevar Madero tropieza y se va de bruces sobre el pavimento, el coraz\u00f3n le ha dado un vuelco y est\u00e1 aturdido: como en un sue\u00f1o siente que lo levantan en vilo y escucha decir:&nbsp;<em>pobre catarr\u00edn, que chingazo se arrim\u00f3; se ve estragado y apesta a crudo, cuanto har\u00e1 que no come el pobre\u2026<\/em>.continuar\u00e1&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se siente un caballero templario velando sus armas: pero m\u00e1s bien parece un rid\u00edculo monje exorcista.<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":1028,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[5,19],"tags":[],"class_list":["post-1025","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-entretenimiento"],"aioseo_notices":[],"views":22,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1025","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1025"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1025\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1029,"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1025\/revisions\/1029"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1028"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1025"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1025"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vidapublicarevista.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1025"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}